Selección de ARTÍCULOS de la Escuela Huber de Astrologia. Num 21.

APUNTES SOBRE LAS CASAS ASTROLOGICAS

Autora: Rosa Solé. Fecha: septiembre 1994, revisado enero 2006. Editado en el boletín nº 7

Rosa Solé es la coordinadora y directora de la Escuela Huber de Astrología

¿Qué es la energía?

No la podemos ver pero sabemos que existe por su manifestación en las formas físicas. Utilizando una sencilla analogía, no podemos ver a la electricidad pero notamos sus efectos al abrir el interruptor de la luz o el horno eléctrico. La bombilla o el horno son objetos inanimados hasta que dejamos que fluya la corriente eléctrica. Podemos considerar al cuerpo humano de la misma forma, materia a través de la cual la energía se manifiesta a través de un propósito específico cuya finalidad última es la expresión del espíritu.

La energía, a través de los distintos niveles de la carta, se manifiesta en su estado más puro a través del centro de la misma -el Si Mismo, Yo Superior, Mónada... etc.-. Es la energía Universal que relaciona a todos los seres humanos con el origen de la misma. La podemos experimentar a través del YO de la personalidad y ser conscientes de su expresión transpersonal en nuestra vida diaria.

Desde este centro se manifiesta en el nivel 2) a través de las diversas formas geométricas formadas por los aspectos. El conjunto formado por estas figuras es la estructura de conciencia del ser humano o cuerpo causal, símbolo o mandala vibratorio, donde reside la motivación única para cada persona. Es a este nivel donde reside la causa de todos los acontecimientos que creamos en nuestra vida. J. E. Cirlot observa que “todo símbolo resuena en todos los planos de la realidad y que el ámbito espiritual de la persona es uno de los planos esenciales por la relación reconocida tradicionalmente entre macrocosmos y microcosmos...”

A continuación, en el nivel 3), los planetas -nuestros órganos de expresión y experimentación- reciben la energía del centro que se manifiesta a nivel de motivación interna a través del color y la forma de las figuras de aspectos. Esta recepción crea importantes circuitos de energía que influencian nuestro comportamiento a nivel inconsciente. Parte de nuestro camino es el de explorar estos laberintos internos para descubrir nuestra conexión con la energía Universal.

Los planetas también se nutren de la energía del Signo en que se encuentran, nivel 4), pero esta energía pertenece al inconsciente colectivo, y contiene la suma de toda la experiencia de la humanidad. Como las raíces de un árbol, experimentamos esta energía desde la familia donde hemos crecido hasta niveles más profundos del pasado histórico.

En el nivel 5) los planetas son los receptores de la energía que creamos a través del contacto en el mundo en que vivimos, es decir, se expresan en los diversos campos de acción representados por las Casas. Todo lo que nos rodea posee su propia energía y aprendemos a trabajar con estas energías o a levantar barreras para protegernos de las mismas. Volviendo a la analogía del horno, podemos ver que si limitamos la entrada del flujo eléctrico también limitamos su utilidad. Un horno eléctrico sin demasiada energía no cocinará muy bien la cena, por lo que si hemos creado barreras al entorno también estamos limitando nuestra realización.

Elevando nuestro nivel de conciencia, podemos diferenciar entre los diversos niveles a través de los cuales fluye nuestra energía.

Las Casas astrológicas

Sabemos que las casas representan las situaciones reales de la vida, con todos sus tipos de experiencias y actividades. Las casas son la configuración del condicionamiento del entorno y ejercen un efecto exterior sobre el individuo, al contrario de los aspectos, planetas y signos, que representan la estructura interior e individual de la persona.

El condicionamiento de las casas empieza a partir del nacimiento y el ser humano debe afrontarlo durante toda su vida. Al nacer llegamos a una determinada situación vital: la de una familia, la escuela con su entorno cultural, la clase social, se vive en una ciudad o en un pueblo, los conceptos religiosos y políticos... A través de la educación, el niño recibe este condicionamiento de su entorno personal, visible en el sistema de casas, y se muestra en las características de su comportamiento. Los factores del medio ambiente influyen directamente en él y le condicionan; el resultado final es una personalidad fuerte o débil, una conciencia firme o limitada, un individualista o una persona gregaria, etc, etc..

Podemos decir que todos estos efectos recíprocos que tienen lugar entre el núcleo central interior, las fuerzas esenciales u órganos de funciones (planetas), los signos del zodíaco como estimuladores y modificadores cósmicos, así como los distintos sectores de la vida (sistema de casas) construyen al hombre en su totalidad. Pero sólo se empieza a vivir de verdad cuando uno se da cuenta de cómo le influye su entorno y como reacciona ante ese condicionamiento. De ahí la gran importancia del sistema de casas para el hombre que quiere vivir conscientemente.

Las casas, el nivel más externo de la Carta Natal, representan las situaciones reales y formales de la vida con todos sus tipos de experiencias y actividades. El individuo empieza a vivir de verdad cuando empieza a darse cuenta de su entorno. De ahí la gran importancia del sistema de casas para la persona que quiera vivir conscientemente. A continuación comentamos brevemente algunos de los significados de las doce casas.

La casa primera empieza con el ascendente. Representa la parte activa del espacio del YO, siendo la casa doceava la parte pasiva. En la primera casa no se reflexiona demasiado sobre uno mismo, sino sobre lo realizado. Corresponde a Aries y es una casa de fuego que contiene energía marciana y cardinal que empuja hacia afuera e impulsa hacia adelante. Aquí es donde la persona construye la imagen del YO que luego presentará al mundo, y los planetas que ocupan esta casa ejercen una clara influencia en la personalidad. Según Louise Huber, la tarea de aprendizaje espiritual de esta casa es: mediante la construcción de un fuerte núcleo del YO, la persona se vuelve invencible. La sensación de ser único no debe llevar a una lucha de competidores sino a hacerse fuerte y seguro internamente. La persona debe abogar por lo que se considera correcto con toda su fuerza. No debe dejarse arrinconar sino que debe mantenerse firme y defenderse con valor frente a ataques del exterior o enemigos. A partir de la experiencia de esa propia fuerza surge la certeza y el convencimiento de que se está en lo correcto y, entonces, el propio punto de vista puede ser clarificado e impuesto. Las experiencias de éxito refuerzan el YO.

El ser interior nacido en la primera casa que camina hacia llegar a ser un YO y de quien el entorno toma buena nota, en la segunda casa llega lentamente al reconocimiento de que no está solo en este mundo. Este descubrimiento ocasiona en el primer momento una confusión. Se tiende a protegerse del entorno y a crear barreras. Aquí nos encontramos con una casa fija: la autoconservación. Procuramos obtener substancias, talentos y capacidades para utilizarlos con provecho en la vida. El sentimiento del propio valor personal aumenta con lo que uno posee y se basa sobre lo que uno posee. Aquí hay disponible todo lo que la persona ha alcanzado en algún momento, en cuanto a valores espirituales, anímicos y materiales. Está almacenado en el propio interior, y está disponible para cuando se necesite. La alegría de vivir y una confianza primordial son la consecuencia de una existencia que vive en esa plenitud, participando del ritmo cósmico de dar y recibir. Si esos valores se cultivan, entonces la vida adquiere valor. La persona está en un intercambio positivo con las fuerzas de la naturaleza porque la ama. Eso conlleva éxito a todos los niveles, sensación de suerte e intercambio acelerado de sustancia con el entorno. Se trata de un potencial creativo que se multiplica al emplear los talentos adquiridos y que, como una fuente inagotable, siempre provee lo que se necesita para vivir. Pero el miedo a la pérdida de sustancia permanece subterráneamente porque corresponde a la naturaleza de esta casa. Si la persona retiene su sustancia espiritual y su conocimiento y no lo transmi te, tarde o temprano, su fuente de inspiración o de iluminación se agota. La tarea de aprendizaje de esta casa es superar el atrincheramiento por miedo detrás de seguridades aparentes y, con una conciencia madura, participar con toda confianza en el eterno flujo de la vida.

Las casas tercera y cuarta representan las “raíces colectivas” de donde provenimos, lo conocido, donde existimos y donde nos sentimos en nuestro hogar. Aquí encontramos todas las “marcas estructurales” del carácter que recibimos del entorno. Mientras que en la casa tercera, correspondiente al mercuriano signo de Géminis, encontramos en primer plano las funciones intelectuales y mentales, en la casa cuarta los sentimientos y las emociones se encuentran como “en casa”. Existe así pues un contraste entre pensamiento y sentimiento. En la primera se realiza el primer contacto con el entorno, como intentamos adaptarnos y hasta que punto estamos condicionados por el mismo.

En la casa tercera la persona debe aprender que lo que hoy es válido, puede que mañana esté superado. Las verdades a las que la persona llega se convierten pronto en viejas costumbres y adquieren validez universal y, por lo tanto, dejan de ser interesantes. En el intercambio mental con otras personas, aparecen los propios defectos; la persona se da cuenta de que hay temas en los que no está tan al corriente como otras personas y se avergüenza de ello. Quisiera estar al mismo nivel. Por eso, la persona «memoriza» y adquiere los instrumentos necesarios para estar preparada para hablar y discutir. Los propios defectos y agujeros son cuidadosamente tapados para que nadie los vea. De esta manera, aparecen formas aparentes del YO y se interpretan papeles ante el entorno porque no se quiere ser juzgado. La persona aprende los trucos necesarios para seguir adelante, interpreta los roles exigidos y repartidos por el colectivo tan bien como puede, ser adapta y permanece en esa movilidad. Si bien está adaptada y tiene una cierta inseguridad, siempre mantiene la capacidad de aprender. La tarea de aprendizaje de la casa 3 es la capacidad de adquirir conocimiento con el que el YO pueda funcionar de forma inteligente y participar en las conversaciones. Debe aplicarse lo aprendido y trasmitirlo de manera correcta a los demás. Ahí surge la seguridad de las personas inteligentes que dominan su especialidad, que están al corriente de todo y hábilmente transmiten su conocimiento.

En la casa cuarta rigen los sentimientos y las emociones, no el pensamiento colectivo. El interés aquí no es por el saber sino por la “pertenencia grupal”. Sin embargo también se trata aquí del colectivo en el que se busca el nido que proporciona el sentimiento de seguridad. La dependencia que de ello surge es un gran inconveniente. También puede haber la tendencia a bloquearse hacia el exterior y solo aceptar el colectivo al que se pertenece. Aquí, la persona tiene una fuerte necesidad de crearse un propio espacio vital en donde no sea molestada, donde se sienta bien, donde pueda ser independiente y autónoma, y en donde se le respete y se le tenga consideración. Un hogar o una casa en donde la persona mande. Esta casa debe estar arreglada y organizada según los propios criterios, de acuerdo con las propias ideas creativas y debe dar seguridad y sentido de pertenencia. Si la persona tiene familia, entonces quiere que todo les vaya bien, se preocupa paternal o maternalmente por los suyos, da a cada uno lo que necesita y economiza y administra para todos de la mejor manera posible. Se preocupa de que todo funcione bien en la familia porque, precisamente de esa vida armónica en común, es de donde recibe la fuerza para actuar. La persona emplea mucha energía para asegurarse un lugar en la comunidad y acepta tareras para el bien de la misma. En la casa cuarta también se encuentra el acceso al enraizamiento interno en el Ser. Para estar preparada para mayores tareas, la persona debe crearse un apoyo interior propio, lo suficientemente fuerte. Estando anclada en el propio suelo original, la persona irradia seguridad y puede ser un modelo para los demás. Una y otra vez, la persona debe retirarse a su interior para producir más efecto en el exterior y para recuperar fuerzas para nuevas decisiones.

En la casa cuarta se ha experimentado el más alto grado de identificación con el colectivo, así que en la casa quinta se percibe la próxima meta de desarrollo, el contacto con el TU. Aquí se toma conciencia de que las personas entre las que uno se mueve no son simplemente una masa, sino que se trata de individuos. Cada uno se diferencia de los otros y por eso también se comporta de una manera distinta.

Como casa social, la casa quinta tiene que ver con que el individuo esté dispuesto a presentarse de una forma tan agradable como sea posible. Aquí se va tras las personas y se intenta actuar y brillar al máximo para impresionarlas. Uno se pone a prueba si mismo en los contactos, quiere vivir sus propias experiencias, arriesgarse, etc. Esta casa contribuye esencialmente a la autorrealización y pone en juego todas las energías creativas, aunque a menudo el comportamiento sea aparatoso para impresionar a los demás. Aquí se persigue la autoexperimentación y la autorealización por todos los medios. Se trata de aportar la potencia interna - tanto sexual como creativa - a la vida. Se quiere realizar una contribución propia y participar. La persona quiere tener algo que decir, quiere construirse su propio ámbito de competencia, en donde pueda desarrollarse plenamente y dominar. El espíritu emprendedor, la disponibilidad a actuar y el valor para la acción individual hacen crecer la autoestima. Sólo cuenta lo que ha creado la propia persona y está orgullosa de su rendimiento y de sus creaciones. Las obras realizadas se muestran al entorno y la persona se sitúa en escena para alcanzar el reconocimiento preciso. El YO quiere causar impresión con su potencial y su presencia y, en determinados casos, proporcionarse el reconocimiento a sí mismo. El potencial creativo que reside oculto en esta casa debe despertarse con los propios experimentos, impulsos y fuerza de actuación y ser llevado a la luz del día. El conseguirlo satisfactoriamente depende de las más elevadas exigencias estéticas de la expresión artística, de la capacidad de arriesgarse y de aprovechar las oportunidades. Siempre se necesita una fuerza central interior para reunir el valor necesario que permita pasar por encima de los miedos y superar las barreras que permitan liberar las energías creativas. El estímulo para alcanzar rendimientos extraordinarios proviene del autoconvencimiento sobre la propia capacidad de crear y de la confianza en que la persona tiene algo en su interior que llega más allá de las limitaciones personales, un YO superior interior, un carisma, que en situaciones sin salida hace saltar las fronteras y permite que fluyan nuevas energías vitales.

La casa sexta es más bien una casa de lucha por la existencia. Aquí se va hacia el TU y se espera ser reconocido y aceptado. Las necesidades de la vida figuran en primer plano. Aquí el entorno determina en alto grado lo que nosotros hacemos para dominar nuestra existencia. Aquí también se encuentra un poco de filosofía: el conocimiento, cultivo y desarrollo de las propias capacidades. Y la comprensión de que existir no significa sólo sobrevivir físicamente sino que también consiste en colaborar positivamente con la humanidad. La persona debe ocuparse de encontrar cual es el trabajo que, verdaderamente, quiere realizar desde su interior. Profesión y vocación son temas que, a este nivel, tienen respuesta en esta casa. La persona empieza a mejorar sus conocimientos, a aprender una nueva profesión o cambia de trabajo. A partir de la necesidad de servir y de ayudar que existe en esta casa, se puede realizar un trabajo social. La persona debe sentirse llamada o sentirse útil y entonces crecen las fuerzas interiores que pueden llevar la mejoría a muchos. Ésta es también la casa del compromiso social; se sufre por los demás y se quiere aliviar su sufrimiento, por eso la persona puede convertirse en maestro, servidor, sanador, etc. Así alcanza esta casa su sentido más elevado.

En la casa séptima el comportamiento no es pasivo sino activo. Como en el resto de casas cardinales, existe una fundamental convicción interior: se parte de determinadas suposiciones, sin discusión y se dispone sin primero preguntar o pedir. La casa séptima es una casa que tiene que ver con la cooperación por la que se produce entendimiento y concertación, y no se debe imponer el propio poder en contra de los semejantes. Cada uno debe cumplir con su contribución para que la totalidad mejore. Aquí, la persona está dispuesta a negociar, aprende rápidamente a diferenciar lo esencial de lo no esencial y cuida de actuar justamente con los demás. Normalmente existe la capacidad de diferenciación. La persona está abierta a los demás, trata con ellos y reacciona de manera sensitiva en las conversaciones, negociaciones y reuniones de comunicación. Trata con el TÚ con plena seguridad, puede entenderse y organizarse bien. Los demás son tratados con justicia porque la persona conoce y observa la ley del equilibrio que rige en esta casa. Aquí pueden hacerse contratos justos que aportan ventajas para ambas partes. La persona aprende mucho sobre el tú y sobre las relaciones mediante la interacción con otras personas. La persona conoce los puntos fuertes y débiles de los demás y evita con gran habilidad tocar las heridas o lastimar. Con toda diplomacia, salva los obstáculos que aparecen y se enfoca hacia lo positivo, con lo cual se gana a las personas que la rodean. Con la habilidad que tienen para tratar las necesidades de los otros, parece como si quisieran satisfacer esas necesidades, pero en realidad, no pueden. Si se promete demasiado y se despiertan esperanzas que no podrán cumplirse, entonces tienen lugar procesos correctores y se producen casos de enfrentamiento y oposiciones abiertas. Algunas personas se enredan en combates diplomáticos, se complican en conflictos que no les conciernen porque han olvidado poner límites y protegerse con contratos.

Con la casa octava nos encontramos de nuevo en una casa fija. Aquí está claro para las personas que la sociedad es un conjunto de individuos. Ya no se trata de individuos sino del sistema, de la estructura de la sociedad, de las leyes y del conjunto de leyes que regulan la vida conjunta de las personas. La casa octava está situada entre el DC y el MC, dos puntos bien distintos y es la zona en la que estas dos fuerzas se entrecruzan: por una parte no se quieren dejar las ventajas que se tienen con el TÚ pero por otra se quiere disfrutar de la libertad que ofrece el MC. Esta oscilación interna permanente lleva a intentar construir una estructura en que los dos estados estén disponibles en buena proporción. Debido a la motivación de seguridad, la persona quiere estar informada de todo para así poder prepararse. En la casa VIII, la persona es perspicaz y lo planea todo con antelación, siempre es consciente de las consecuencias de sus acciones, aprende de los errores del pasado y evita tropezar de nuevo con la misma piedra. Frecuentemente se da la filosofía del pesimista que renuncia con antelación para ahorrarse el posible sufrimiento. Las estructuras, instituciones y formas sociales son apoyadas en la medida en que aporten ventajas, tanto a la comunidad como a nivel personal, y sirvan a la seguridad. Cuando ya no lo hacen, o se lucha contra ellas o se liquidan. Aquí es donde las compañías de seguros tienen su mejor fundamento, administrando el capital de los ciudadanos para posibles casos de daños y perjuicios. La persona sabe cuando debe ser previsora para que no se cause ningún perjuicio y también sabe cerrarse cuando aparece algún enemigo. Aquí, los mecanismos de defensa se utilizan de forma inteligente y, en caso de ser atacada, la persona se convierte en un adversario peligroso. Sin embargo, los mecanismos que se han vuelto demasiado rígidos, la crueldad, el orgullo y las estructuras anticuadas, son transformadas o destruidas por la ley de muerte y renacimiento, con lo cual, lo nuevo puede crecer.

En la casa novena, que corresponde a Sagitario, no se trata de lo externo, no se trata de juicios externos, sino de la autoridad interna. Es una casa mutable y, como tal, una casa de conocimiento. La individualidad se entiende como autonomía espiritual; se debe llegar a un pensamiento independiente que es la propia ley. En la casa novena se debe conseguir la capacidad de reconocer y criticar todo lo contenido en una pregunta, no para ocasionar destrucción sino para identificar la sustancia de las cosas y mediante el conocimiento alcanzado con el propio rendimiento mental, formar una propia filosofía en un proceso creativo. Esta filosofía es la base de la autonomía espiritual y de una libertad más individual y más sana que permite a la personalidad producir una contribución positiva a la familia humana.

La casa IX esta llena de metas, pensamientos e impulsos creativos. Aquí, la expansión espiritual es la meta principal que lleva a la experiencia de unas conexiones mayores y a la confirmación consciente de un sentido supraindividual de la vida. La meta es escalar hasta una posición impersonal, un punto superior desde donde se tenga una perspectiva de pájaro para reconocer una verdad cada vez mayor. La persona aspira a comprender el sentido que se encuentra detrás de todo para alcanzar una comprensión real de Dios y del mundo. Llena de ese afán por lo superior, la persona orienta su vida según criterios religiosos o éti- cos y a menudo se dan vocaciones sacerdotales. La persona se siente llamada a enseñar, reconoce que su tarea interior es transmitir lo que desde la perspectiva espiritual ha comprendido intuitivamente. Con una gran dedicación y con compromiso interno, se persiguen metas elevadas que sirven a la comunidad y que, al mismo tiempo, confieren expresión al propio pensamiento creativo y autónomo. La persona está interesada en el desarrollo común de la humanidad, participa por todo lo alto en movimientos religiosos, tareas de investigación y ciencias espirituales, viajes de exploración, actividades de progreso cultural, etc. El YO se identifica totalmente con metas suprapersonales que están llenas de sentido. Por eso, cuando se trata de realizar grandes ideales, la persona ya no permite que se le aparte fácilmente. Cuando se trata de defender los valores humanos, los propios conocimientos o los productos del propio pensamiento autónomo, muchas de estas persona son incorruptibles e intransigentes. Con determinados signos, estas personas aspiran a ampliar su área de influencia espiritual y perciben cualquier oportunidad para conversar y para hacer valer sus conocimientos y su competencia. Si no se les tiene en cuenta, se ofenden y se enredan en sus propios modelos mentales, se obstinan en ideas que sólo existen en su cabeza y que están alejadas de la realidad. Tarde o temprano tendrán que adaptar sus ideas a la realidad y entonces pueden desarrollar mucha creatividad. El fruto más precioso de esta casa se obtiene cuando se pueden plasmar en la realidad los ideales que se encuentran en el ámbito mental.

En la casa décima se trata de posición y de hechos, de actividad eficiente hacia el exterior. Se conoce como la casa de la autoridad, y hay que cuestionarse si la autoridad se trata o no de un modelo que se intenta imitar pero que no necesariamente corresponde a nuestra propia forma de ser, sino que se ha tomado prestado del entorno ya que puede copiarse el “poder” de uno más fuerte para poder elevarse a su nivel. Sólo cuando en la casa décima uno es responsable de sí mismo, se queda bajo la propia dirección espiritual y se obtiene una verdadera irradiación de autoridad.

A nivel mental se encuentra el individuo autoconsciente libre, la «persona que se ha hecho a sí misma», que lo ha logrado todo por su propio esfuerzo y que, a partir de su propia autoridad, dirige a los demás y recibe una especial distinción y reconocimiento. A este nivel, la persona es consciente de su tarea en el mundo y emplea toda su energía en alcanzar metas que sirven a toda la comunidad. La persona se encuentra identificada con su tarea y todo lo que hace está orientado a mejorar la situación del mundo. Se siente llamada a actuar y emplea sus propios medios de poder de manera constructiva para acabar con situaciones precarias e injusticias. Muchas de estas personas siguen una trayectoria política o, de alguna manera, quieren cooperar en política porque reconocen que es su mejor campo de actuación. Ayudan a los más débiles en su camino hacia la autorealización y emplean toda su autoridad al servicio de alguna causa de manera totalmente comprensiva. La expresión más positiva de una individualidad se muestra en una vocación sin exigencias de reconocimiento y fama, en un tipo de maestría que proviene de otro tipo de motivación. Esto se muestra en la aceptación incondicional de la tarea interna; la profesión se vuelve vocación. Estas personas son como faros en el paisaje, con los que los demás pueden orientarse. Son un modelo para los demás, les atraen y se convierten en verdaderos líderes. Quieren y pueden hacer algo por el mundo y así realizan una contribución creativa en la evolución.

La casa onceava pone en contacto con el concepto de amistad. En ello no hay simplemente que entender cualquier tipo de conocimiento, sino la unión que está construida en base a la confianza y que por lo tanto contiene estabilidad y que no puede basarse solo en intereses externos. La imagen-guía de las personas ideales, tema central de la casa onceava, puede repercutir en distintas direcciones: por una parte escojo determinados amigos, por otra intento efectuar cambios en el mundo para poder realizar mi ideal. Mi imagen de la humanidad determina la elección de mis amigos. En los amigos busco la realización de mi imagen ideal del hombre. Por lo tanto deben poseer en cierta medida las cualidades correspondientes a esa imagen.

Como se trata de una casa de una casa de aire, el concepto espiritual que la persona representa debe ser universal, amplio y un avance del futuro. La persona debe enfrentarse con el conformismo social, asociarse con simpatizantes para hacer realidad los ideales del espíritu avanzado de la época. Los problemas que surgen de tareas humanas, técnicas o económicas se solucionan en común. Aquí, la persona puede desarrollar ideas futuristas y progresistas, y ser creativa si se enfrenta a los problemas de una forma suprapersonal y trasciende la ambición personal, entonces la persona construye formas de organización que crean canales ideológicos de unión y relaciones interpersonales, como trabajos en red y conciencia global; el espíritu de Acuario en su más alta perfección. Muchas de estas personas realizan esfuerzos filantrópicos, ejercen mecenazgo, promueven talentos en proceso de germinación. La condición previa para una amistad ideal y para el trabajo en grupo es la confianza mutua, el apoyo y la acep tación de la singularidad de los demás, así como una ética que no quiere perjudicar a nadie. Como temática espiritual de desarrollo, en la casa XI se reconoce la unidad de todas las almas, de lo que resulta la verdadera hermandad. Por eso, esta casa, también aporta conocimientos sobre el propio YO superior. La persona se da cuenta de las singularidades de su carácter, reconoce su lugar dentro de la evolución y comprende su posición dentro del todo. Pero sin una cierta lucha interna, esto no funciona, la persona debe aprender a admitir a los otros y a aceptarles tal como son en realidad, incluso a amarles como parte de su ser y, sin embargo, dejarles andar su propio camino como parte separada. La tolerancia exige que dejemos a los demás la libertad de dar a su vida la forma que quieran, aunque no nos guste. Para ello, en esas relaciones, es importante ser uno mismo y no cargarlas con exigencias irracionales. En primer lugar está la personalidad, madurada por sí misma, que es la base para la originalidad y la dignidad de la persona. Semejante sabiduría permite tener una visión conjunta o unitaria, de donde surge la serenidad que es la marca inconfundible de un ser humano sobresaliente que ha obtenido la visión general y que es un modelo en su tiempo.

La casa doceava es la que más lejos se encuentra en el mundo, en la parte más a la izquierda del horóscopo y la última de las casas. Aquí se adquiere la capacidad de vivir dentro del ser interior en el aislamiento forzado. Constituye un polo del eje de existencia y a veces, el típico miedo de la casa 6, que afecta a cuestiones materiales de la existencia, puede también provocar un efecto “catapulta” y desencadenar las preguntas sobre el Ser.

La finalidad de esta casa es el reconocimiento de los verdaderos valores y su transferencia a la vida real como resultado de la unión con nuestra fuente interna. La casa XII es un lugar de libertad, de soledad, de unidad aislada en el plano mental que se sabe unida con todo lo viviente. Con el profundo anhelo de regresar al estado original de unidad, la persona se dirige conscientemente hacia el camino de vuelta a casa. Aquí las fronteras del yo se disuelven y se puede experimentar el ser interior. Algunas personas lo logran absorviéndose en lo místico, a través de la meditación y la identificación con el ámbito trascendental de la existencia. Experimentan que el ser interior es ilimitado, interminable y eterno, y que toda persona tiene un alma inmortal. Aquí aparece la búsqueda de sentido, el interés por cuestiones esotéricas relacionadas con restablecer la unión con el origen divino (Religión) que se conoce como «el regreso a la casa del Padre». Donde otros opinan, la persona sólo renuncia y se sacrifica puesto que ya ha encontrado la felicidad interna. Quien consciente o inconscientemente tiene que caminar fuera del camino principal, se convierte en descubridor de tesoros internos ocultos de los que nadie sabe nada. Así pues, en el retiro hay una gran riqueza escondida. Allí la persona alcanza su base esencial, fondea en su interior, lo cual le da tranquilidad y seguridad. Hace las paces con todo lo que ha sido, abandona las aparentemente fundadas exigencias y renuncia al punto de vista personal, así como a las últimas exigencias de posesión que aún quedaban. Aquí, la soledad, la renuncia y la falta de egoísmo permiten el contacto con uno de los más elevados estados del Ser. A nivel mental, el yo de ha vuelto tan comprensivo que ya no puede dejar de ser consciente de su visión universal. "Quien es Uno con Todo", ya no puede estar apegado a un tema determinado.

La persona que, en esta casa, vive a nivel espiritual puede separarse de cualquier sociedad y vivir por sí misma. Es independiente y ha ganado la gran libertad. Como que está unida al todo universal, no se siente sola en su interior. El mundo entero se refleja en ella porque está unida a él con amor. Participa de todo en pensamiento, aunque suceda alejado de su ámbito de experiencia sensorial. A nivel mental, en cierto modo, puede actuar de manera invisible en los acontecimientos mundanos, enviando pensamientos positivos al mundo y a los necesitados, desde su cámara interior. Este es también el espacio del sanador espiritual, de la ayuda invisible que se encuentra a niveles trascendentales y en el propio interior. Sin embargo -con determinados signos y planetas-, también es el lugar en donde puede desarrollarse el síndrome de ayuda como compensación de un YO atormentado. Así pues, la obligación que la persona siente a dedicarse a la mejora de la situación del mundo puede partir de una auténtica experiencia del Ser o ser algo imaginario. Esto depende ampliamente del nivel de desarrollo espiritual, es decir, del grado de verdadera conciencia.

Casas Dinámicas: curva de energía

Para finalizar, solo cuatro notas sobre las casas dinámicas, un concepto desarrollado por Bruno y Louise Huber. Los cuatro cuadrantes generan las doce casas a través de la división por tres, un número especialmente relevante para la conciencia humana, ya que en todo proceso global aparecen tres estadios o fases primordiales. Se pueden citar muchos ejemplos de enfoques tripartitos, desde la trinidad cristiana: padre, hijo y espíritu santo, a la tríada de la tesis, antítesis y síntesis en la filosofía de Hegel, o incluso en los ciclos cotidianos: trabajo, ocio y descanso. Todo ello concuerda con nuestra naturaleza, polarizada en tres dimensiones existenciales: física, emocional y mental.

Distinguimos tres zonas en cada casa, cada una de ellas presentando unos rasgos característicos desde el punto de vista psicológico. La aportación novedosa de Bruno Huber a este panorama es la constatación empírica de que este mismo principio triple es aplicable a cada casa individualmente de acuerdo a un antiguo concepto manifestado en toda la naturaleza y expresado ya por los griegos en su arquitectura llamado la proporción áurea. Este principio ha permitido elaborar un método de cuantificación de la energía en términos de oferta y demanda que está permitiendo un grado notable de precisión en la interpretación. Aplicado a las casas obtenemos tres zonas para cada casa que se corresponden respectivamente con los principios cardinal, fijo y mutable, y que siguen la simetría de la proporción áurea, la cual presenta una desviación respecto a la simple división de la casa en tres partes iguales.

En la zona cardinal que discurre entre la cúspide de la casa y el punto al que llamamos punto de equilibrio o de nversión, la energía va desde un máximo de extroversión en la cúspide de la casa hasta un equilibrio entre introversión y extroversión cuando llega al punto de inversión. Un planeta en esta zona recibirá un estímulo hacia la acción o el rendimiento por parte del entorno. El máximo de extroversión implica un mayor efecto o impacto de la energía del planeta sobre el entorno, aunque también lleva aparejada la dificultad de tomar distancia respecto a la demanda del entorno que puede tomar tintes de exigencia. Por otro lado, especialmente si el planeta se encuentra muy cercano a la cúspide, puede ocurrir que la persona desconozca la cualidad de esta energía, volviéndose adicta al éxito mundano.

La zona fija de cada casa corresponde a un reflujo de la energía hacia el interior del ser. Abarca desde el punto de inversión o equilibrio hasta el punto de reposo (PR), que señala el lugar de mínima incidencia sobre el entorno. En este mínimo, se puede experimentar pesimismo existencial y hay que acceder a nuestra esencia para no depender del aplauso o reconocimiento del entorno. Aunque para llegar a eso, primero es necesario que hayamos reconocido la existencia del problema en esa área.

En la zona mutable comienza la casa siguiente, desde el punto de vista psicológico. Los planetas aquí situados sirven a dos amos. Por un lado están motivados en el plano físico por los condicionantes de la casa en la que se encuentran pero por otro lado, a nivel psicológico, ya experimentan las expectativas propias de la siguiente casa. En esta zona puede ponerse de manifiesto el estrés, ya que en ella están activas las motivaciones de dos casas, y en ocasiones también pueden estar implicados dos signos. La dispersión que produce tener varios objetivos simultáneos puede agotar la energía disponible y exigir una revisión con profundidad.

En la división de los cuadrantes para obtener las doce casas también es aplicable este triple principio. Los cuadrantes devienen entonces referencias de procesos globales que incluyen las fases cardinal, fija y mutable de las tres casas que los forman. Cada cuadrante contiene una casa cardinal donde la motivación es en mayor medida productiva, una casa fija en la que la energía se estabiliza y es incorporada como sustancia y, finalmente, una casa mutable en la que se operan procesos de adaptación y aprendizaje.

Cuadrantes dinámicos

Las casas mutables y cardinales enmarcan los cuatro ejes principales. En esos polos dinámicos de los ejes cardinales (AC, IC, DC y MC) las energías tiene un efecto óptimo en la vida, mientras que en los puntos de reposo de las casas fijas las fuerzas se retiran hacia el interior. En el punto de reposo de una casa las fuerzas empiezan a concentrarse y a dirigirse hacia la cúspide de la siguiente casa. Una vez allí, empiezan a descargarse y a desarrollarse hasta que, en el punto de reposo de la siguiente casa, esas fuerzas impulsoras vuelven a desaparecer. Este suceso rítmico, con sus puntos más altos y más bajos, también tiene lugar en los cuadrantes.

Así pues, un cuadrante dinámico va desde el punto de reposo de una casa fija hasta el punto de reposo de la siguiente. En su mitad se encuentra el eje cardinal desencadenante de acciones (que da nombre al cuadrante). Por consiguiente, en un cuadrante dinámico empezamos con una casa mutable, seguida de una cardinal y una fija. La triple fase empieza con la crítica de lo existente y con la planificación de lo nuevo, de acuerdo con el principio primero pensar y después actuar (Pensamiento, Energía, Forma).. Esta cuestión es dinámica y muy clarificadora en las cuestiones psicológicas y espirituales.

Los cuadrante dinámicos caracterizan cuatro formas de comportamiento básicas del ser humano. Los planetas actúan en el entorno de forma correspondiente a la temática predominante del cuadrante.

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