Selección
de ARTÍCULOS
de la Escuela Huber de Astrologia. Num
22.
QUINO, UNA INTELIGENCIA ESPECIAL
Autor:
Mavi Alburquerque, e-mail: mavitas@telefonica.net. Fecha: editado en el boletín nº 36, abril-junio 2002
Datos natales de Quino: Palma de Mallorca. 08/01/1978, a las 5h.
Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños -. Lc 10, 21
Cuando tenía tres años envidiaba a mis hermanos porque ya iban al colegio y sabían leer; aprovechaba su ausencia para coger los tebeos y miraba fijamente las letras encerradas en los bocadillos, apretando el papel para ver si saltaban y me descifraban su secreto. Por otra parte, era consciente de cuando aprendía una cosa nueva, del antes y del después y de cómo algo se me llenaba dentro; no importaba que se tratara de conocimientos escolares, habilidades manuales o fisiológicas, sobre la naturaleza o la mecánica, sobre mí o los otros. Aprender y su proceso es un juego fascinante en el que el premio es la luz que estalla llenando la vida de más vida.
Me siento privilegiada por haber tenido la ocasión de hacer este trabajo. Asomarse a la vida de una persona a través de su carta siempre es un privilegio, pero ésta tiene una dimensión de intimidad especial que evoca constantemente lo sagrado. Es un intento de encontrar el camino por el que, lo que yo llamaría un exceso de luz manifestado en una experiencia humana, construye los cauces adecuados para atenuar el deslumbrante resplandor que produce en la conciencia.
Esta es la carta de Quino, un chico de 24 años diagnosticado de retraso mental. Enfrente estamos nosotros, el resto, la sociedad brillante, sensata y adaptada, pero a menudo retrasada en paciencia, tolerancia, compasión, espontaneidad, humildad y esperanza. Quino ha tenido que aprender a recortar el potente haz luminoso que al encarnarse lo marcó como diferente, para desarrollar en todas sus posibilidades la independencia y autonomía que le marca el Nodo en la C10, saliendo del ámbito de aislamiento o sobreprotección que podríamos tender a imponerle. Nosotros, con toda la luz que a él le sobra, podemos ayudarle a que sea posible y, de paso, nuestros espacios sellados por la oscuridad tendrán ocasión de iluminarse, crecer y hacer nuestra vida más grande.
Isabel es la madre de Quino. Naturalmente, ella ha sido la cronista de su desarrollo, pero me parece una intermediaria muy fiable. Como madre sé que es difícil observar con objetividad a un hijo, pero esta mujer posee las mejores cualidades de su signo y ascendente: Sagitario. No la han detenido su falta de formación, las dificultades económicas y de salud ni las creencias comúnmente aceptadas, cuando su hijo era pequeño, respecto a lo que se hace con un “problema” así (o sea, aislarlo). Posee una extraordinaria intuición por la que supo, aunque el desarrollo de Quino estaba aparentemente y para varios pediatras dentro de la normalidad, que algo no iba bien. No se conformó con los primeros diagnósticos y siguió buscando respuestas.
Llegó a Mallorca recién casada y Quino nació a los nueve meses. Se sentía sola en un lugar desconocido y su natural reserva (Saturno también en Sagitario, en C12) le dificultaba entablar nuevas relaciones, pero en lo que respecta a su hijo logró descubrir y poner a su alcance, paso por paso, todo lo que necesitaba para poder desarrollar y disfrutar la calidad de vida que merece. Y no se conforma. Si ve alguna nueva oportunidad de que continúe creciendo se vuelve a poner en marcha con su gran generosidad, optimismo y sincera bondad. A pesar de sus propios miedos e inseguridades, tiene la capacidad de observar el proceso de evolución de Quino con lucidez y distancia.
Al pedirme la carta las cuestiones que más le preocupaban eran saber si había habido algo en su conducta durante el embarazo o como madre que pudiera haber provocado el retraso de su hijo, y el intentar ver su capacidad de desenvolverse cuando ella no esté. Espero que el punto de vista de la astrología la ayuden a aliviarse de cargas innecesarias y que le sirva de espejo para reconocer la belleza de su espíritu sagitariano. Yo ya me he beneficiado del contacto con los dos; he aprendido a no emitir juicios negativos sobre un Saturno en posición elevada, a no culpar a mi madre de mi desarraigo y a no dar por sentadas algunas cosas valiosas: todas las funciones que utilizo de forma automática sin reconocer que están ahí, constantemente, al servicio de mi autonomía.
A nivel de mi preparación, la carta me ha resultado un ejemplo muy oportuno para poder observar el funcionamiento de Saturno, el Sol y la Luna como planetas de la inteligencia, del Modelo Familiar y de la personalidad.
LA ESTRUCTURA DE ASPECTOS
SÍMBOLO : Un junco (barco chino).
MOTIVACIÓN POR COLOR: Participa de las tres motivaciones, por lo que está orientado hacia el crecimiento
MODO DE ACTUACIÓN : Triangular- mutable.
Veo en el pequeño triángulo de aprendizaje el casco del barco. Las dos figuras de ambivalencia y las estructuras lineales son las velas.
Con el Sol a la proa, navega por el hemisferio del Yo, con las velas desplegadas hacia el TU consciente del tercer cuadrante y hacia el Medio Cielo.
Tiene el Nodo en la C10, orientando la dirección individual del Sol en Capricornio. El trígono entre Saturno y Mercurio y el quincuncio entre la Luna y Marte son dos mástiles frágiles y quebradizos que necesita reforzar para llevar a buen término su travesía. Su estructura dinámica lo lleva a aprender, a contactar y mejorar, alternando los trabajos de acumular y preservar los recursos que necesita con el disfrute y los nuevos retos para seguir creciendo.
Neptuno es la quilla que dibuja una estela a su paso: desde la C1, el mensaje silencioso del amor incondicional. Júpiter, la bandera en el mástil rojo, anuncia que su crecimiento no se ha de dar nunca por terminado, que siempre habrán nuevas experiencias a su disposición para seguir descubriendo quién es el capitán del barco.
Tal vez Quino no pueda cortar nunca del todo el cordón umbilical, pero quiero apuntarme al contacto de su Sol con los planetas transpersonales y creer que siempre habrá una madre para él, una sociedad que evoluciona, que cuida de sus pequeños permitiéndoles el suficiente espacio para que su libertad se ensanche. En el sextil Sol-Urano veo ese cordón y el timón de la embarcación. Que sea un barco oriental me sugiere que, al mismo tiempo que él aprende las complejidades de un mundo que en muchas cosas le resulta ajeno, nosotros podemos aprender su lenguaje de extranjero en viaje de exploración y tender un puente de comunicación entre las dos culturas.
LOS PLANETAS DE LA INTELIGENCIA
Cuando Isabel me pidió la carta de Quino, mi insaciable curiosidad por el funcionamiento de la vida se preparó para descubrir hasta qué punto sus energías planetarias explicaban esas características especiales que en su vida muestra. Creo haber encontrado algunas “razones” que en conjunto podrían “demostrar” porqué las cosas son así, pero también he visto las coincidencias de su Mercurio y el mío en Sagitario y nuestros Saturnos débiles por signo, entre otras. Al final he dado con el camino para abordar el tema: cómo funcionan sus energías y cuál es la manera óptima de reforzarlas para que se pueda servir mejor de ellas. El porqué las cosas han sido así para Quino forma parte del misterio central, de una elección suya cuyo sentido oculto infunde mucho más respeto porque él, en esta encarnación, no tiene acceso a planteárnoslo de forma consciente, tal vez ni siquiera a sí mismo.
· · · SATURNO · · · · · · · · ·
En Leo y en el punto de reposo de la C9, el más débil de sus planetas con mucha diferencia. Está en el último grado del signo, con lo cual la capacidad de concebirse como ser único diferenciado, ya desde el nivel corporal, está seriamente limitada y, por eso mismo, también el sentido del riesgo y la función de auto conservación. Al tener sólo aspectos azules con Mercurio y Júpiter tiende a la inercia y pierde eficacia en el aprendizaje autónomo de los límites de seguridad, de los ritmos fisiológicos y el propio aseo. El que esté en el punto de reposo puede explicar porqué su apariencia física es totalmente normal y también el hecho de que el entorno no reconociera su diferencia hasta los cuatro años.
Durante más tiempo del habitual, la función de Saturno está totalmente a cargo de la madre. De pequeño es un niño hiperactivo e imprevisible; además de la dificultad para interiorizar esa función, tampoco la reconoce siempre en la madre como cualidad competente y separada de él. El control de los esfínteres no se completa hasta pasados los ocho años y los hábitos de aseo los aprende después de los seis, al mismo tiempo que lo hacía su hermano pequeño. A partir de los ocho empieza a calmarse, a aminorar la actividad constante. Los aspectos azules van acumulando sustancia y objetividad pero lo hacen a un ritmo propio, más lento.
A nivel de memoria, este planeta tiene poca fuerza para cristalizar y mantener la información que recibe.
· · · MERCURIO · · · · · · · · ·
En Sagitario, en la zona mutable de la C1. Es un planeta con fuerza normal, equilibrado en las demandas por signo y por casa, pero el estar aspectado en rojo y azul lo somete a una disyuntiva continua. La capacidad de elección es un trabajo necesario para cualquier Mercurio y en este caso más porque en Sagitario puede recibir múltiples informaciones a la vez. Por el aspecto de oposición experimenta el efecto saturnino de bloqueo y por el azul se acomoda a la vigilancia y la protección constante de la madre.
Al tener un Saturno tan débil tarda más en aprender a seleccionar y combinar tanta información, porque le falla el soporte de la memoria.
Como Mercurio en signo de fuego y en la C1, empieza a hablar hacia el año, pero a los nueve todavía articula mal y su vocabulario es pobre
No tiene aspectos verdes y, por tanto, aprende más por imitación y, por la relación con Saturno, a nivel de hábitos que va adquiriendo lentamente.
· · · JÚPITER · · · · · · · ·
En Géminis, en la zona de estrés de la C7. Tiene dos aspectos rojos de oposición, con Mercurio y la Luna, y uno azul, sextil a Saturno.
Aunque Júpiter funcione a nivel sensorial, Mercurio carece, en las primeras fases de crecimiento, del sustento sólido de Saturno, de la capacidad de acumular datos por la memoria y, menos todavía, de combinarlos y seguir encadenamientos lógicos; por lo tanto, la capacidad de elaborar juicios de valor en relación a lo percibido y aplicarlo a la experiencia de forma activa, presenta una dificultad extra en la oposición. Al darse entre las casas 1 y 7 conlleva un trabajo de aprendizaje por el efecto causado en los otros y a la inversa, un camino desde el Yo como globalidad no diferenciada (Sagitario) a lo particular (Géminis), sembrando la experiencia en ese Saturno en PR, lentamente, para conseguir unir las percepciones sensoriales y mentales inconexas.
· · · LA LUNA · · · · · · · · 
Condicionado más que otros niños por la necesidad de contacto para sobrevivir, se ve claramente, en la diferencia de valores entre signo y casa, de qué manera el entorno le demanda un esfuerzo de adaptación más que notable. Como planeta de la personalidad es el más fuerte de los tres.
Se encuentra en Capricornio, en la zona cardinal de la C2, con un aspecto azul, uno verde y uno rojo, orientada en el aprendizaje de adquirir seguridad mediante recursos (C2) físicos (Capricornio) y mentales (conjunta a Mercurio).
Como Luna en Capricornio, su motivación es fundamentalmente la seguridad. Encuentra los límites de esa garantía en la oposición a Júpiter, lo cual la lleva fácilmente a retraerse y “conformarse” bajo el ala protectora del trígono a Saturno. El quincuncio a Marte en Leo expresa la experiencia de contacto con otros niños, a veces como competencia o por el efecto causado por un accidente involuntario que, a partir del propio dolor o el del otro, tiende un puente a la comprensión de que hay alguien más allá de su límite corporal y del mundo con la madre.
El mejor ejemplo para ilustrar este funcionamiento es el nacimiento, a los cuatro años, de su hermano Julián. Cuenta Isabel que sentía celos por la atención que el bebé recibía pero, por otra parte, todos los esfuerzos que había hecho ella sin resultados para enseñarle hábitos de autonomía se volvieron innecesarios de repente: Quino conectó con su hermano y empezó a vestirse y lavarse solo, al mismo tiempo que aprendía a hacerlo el pequeño. A los seis años, peleándose por ver quién le llevaba al padre una botella de cristal, la botella se rompió y Julián se hizo un corte importante en la mano por el que tuvo que estar varias semanas hospitalizado; se sintió celoso porque su hermano volvía a acaparar la atención de la madre, pero también mostró sentimientos de culpa por lo que había pasado. Por una parte este hermano es el objeto de comparación constante, la presencia inevitable que recuerda los límites de lo que puede alcanzar (Júpiter en Géminis, en C7); pero, por otra, es un reto de superación, el motor para explorar espacios fuera de la restrictiva seguridad y la posibilidad de ensanchar sus propios horizontes (Marte en C9).
· · · EL SOL · · · · · · · ·
En Capricornio, en la zona fija de la C2 y conjunto a Venus. De él parte un aspecto rojo, uno verde y uno azul y sigue a la Luna en fuerza por promedio, aunque aquí la gran diferencia se encuentra entre la fuerza que trae por signo y la débil demanda de expresión por parte del entorno.
Tiene un aspecto con cada planeta transpersonal y a los personales sólo conecta por la conjunción a Venus. Forma un triángulo de aprendizaje pequeño con Neptuno y Plutón y un sextil a Urano. Esta configuración fue la que me hizo pensar que su inteligencia solar podía estar deslumbrada por la potente luz del inconsciente colectivo sin filtrar, de que se viva y viva a los demás a nivel arquetípico. Que Neptuno se encuentre en el AC propiciaría más todavía la tendencia a la disolución de la identidad personal.
Es un Sol dinámico por aspectos, tiende al aprendizaje, a adquirir y conservar (zona fija C2) una identidad propia que vuelve a estar vinculada a la seguridad (Capricornio) y también al afecto (Venus) y se reconoce y valora por lo que es capaz de desarrollar mentalmente para producir bienes materiales, pero siempre en función de la confirmación por parte del entorno (primer cuadrante).
A medida que el Sol se desarrolla la luz de los transpersonales se puede ir recortando. Plutón le imprime una gran fuerza de voluntad para sacar a flote su identidad y manejarse en la sociedad y Urano el valor para superar los temores y los obstáculos. Neptuno renuncia a la disolución y se encarna cada día un poco más.
Los planetas determinantes de la inteligencia están unidos en una estructura triangular que propiciaría la forma de la inteligencia académica pero que, por los límites que presentan Saturno y Júpiter y al estar éste en oposición a Mercurio, se inclina más por la forma emocional de la otra figura ambivalente.
Es capaz de adquirir un número limitado de conocimientos académicos, sin embargo, es muy apto para adaptarse a las circunstancias y para el aprendizaje por imitación y estableciendo hábitos de comportamiento que le proporcionan estabilidad y seguridad, que le facilitan las relaciones y el contacto, dándole además la posibilidad de desarrollar un trabajo remunerado. Con el Sol en Capricornio y en la C2, la capacidad de generar sus propios recursos económicos le ayuda a consolidar su identidad y autovaloración. Pero la debilidad de Saturno me hace pensar que, para que la memoria no pierda solidez al ser ejercitada fundamentalmente en actos repetitivos, que pueden anular la esencia mutable del conjunto retrayéndose en la zona azul-fija de la figura ambivalente, necesita retos que lo puedan llevar siempre un poco más allá de lo que puede manejar de forma automática. Creo que Saturno es como un músculo débil que Quino necesita ejercitar constantemente, procurando la consolidación de lo conocido pero alternando con fases de adquisición de nuevos conocimientos para conseguir una base más amplia y segura de actuación. Si se descuida el ejercicio de esa función puede volver al retraimiento, la confusión y la disolución de su identidad y autonomía.
MODELO FAMILIAR
· · · LA LUNA · · · · · · · ·
En este estudio no tengo acceso a la experiencia subjetiva de Quino respecto a su propia infancia. Tengo el relato de Isabel pero los recuerdos de los primeros años de la vida de su hijo están todavía algo teñidos por el sentimiento de culpa. Creo que es un sentimiento bastante común en la maternidad, el lado negativo de Saturno que nos hace culparnos por cosas que son perfectamente normales en el crecimiento de los hijos. Esa exigencia de perfección se puede ensañar más si nos dicen que nuestro hijo no es como los demás y que nunca lo será. Por eso creo que es muy importante tener especialmente en cuenta la dimensión espiritual de esta encarnación. Que tenga a Neptuno en la primera casa y en semisextil al Sol me hace pensar que, más que la voluntad individual de encarnarse, sea una especie de entrega pactada para que, con su presencia y desarrollo personal, forme parte activa del proceso de evolución espiritual de nuestra sociedad. Su informe de nacimiento dice que mostraba debilidad en la succión y al mes tenía anemia; sustituir el pecho por el biberón no mejoró mucho las cosas, como si quisiera evadirse de la estrechez de la existencia corporal negándose a ser alimentado: “Señor, si quieres, aparta de mí este cáliz”. Pero Quino salió adelante y se quedó con nosotros.
Antes de empezar a andar ya era un niño muy inquieto y activo. Después de la lactancia siguió planteando dificultades para dejarse alimentar y, cuando ya podía hacerlo solo, su madre tenía que estar presente para asegurarse de que comía. Otro ejemplo de que le costaba alcanzar la conciencia corporal, y por tanto su seguridad y dominio, se manifestó cuando empezó a erguirse para caminar: sólo lo hacía si encontraba un papel que agarrar con las dos manos; a los dieciséis meses abandonó ese soporte.
A esa edad Isabel se puso a trabajar y empezó a llevarlo a la guardería, pero como no se adaptaba optó por dejar que se lo llevara su suegra a la península durante tres meses. Al volver, el primer gesto hacia la madre (primero se lo había hecho al padre cuando lo recogió en el aeropuerto) fue apartarla con las dos manos. El PE había hecho un aspecto al Nodo en la C10 en el momento de partir y se podría hacer una interpretación negativa del efecto psicológico en el niño por esa separación, pero me parece más una intervención circunstancial necesaria en su proceso de concebirse como uno aparte de la madre y su aparente rechazo no sería sino un símbolo de que lo había conseguido para esa fase.
Con la primera experiencia de guardería empieza el periplo educativo. A la vuelta del viaje pasa por otras dos y a los tres años empieza preescolar en una escuela de monjas, desde donde Isabel recibe constantes quejas de que no se adapta a las normas y de que es muy retraído en la relación con los otros niños. Ella intuye que algo no se desarrolla de manera normal; por una parte el niño despliega una imparable actividad sin conciencia de riesgos, sobre todo en el ambiente familiar, pero su coordinación y estabilidad motora van a un ritmo más lento. En su manera de expresarse también le parece ver una dificultad impropia de su edad, pero tanto los informes psicológicos del colegio como varios pediatras, niegan que tenga algún problema.
Sobre los cuatro años es por fin correctamente evaluado por un equipo médico que recomienda apoyo profesional. Empieza con la madre un periodo de aprendizaje para hacerse autónomo, guiado por un psicólogo, pero no responde a él. Después del nacimiento de su hermano en abril de 1982, establece la conexión que necesitaba y aprenden juntos lo que no había podido hacer solo. En el Modelo Familiar Mercurio sólo tiene un aspecto unidireccional a Saturno, así que podría ser que entablara una primera identificación lunar con el hermano que todavía no era una seria competencia y con ello recuperara una fase perdida de su propio crecimiento.
Después del diagnóstico y aunque es la primera vez que siente que su hijo es atendido, no está de acuerdo con la sugerencia de uno de los neurólogos de llevarlo a un colegio para discapacitados porque al informarse ve que la discapacidad de los alumnos del centro es de grado más profundo que la de Quino y piensa que dejarlo allí le puede provocar un retraso mayor. Para iniciar la enseñanza primaria, en 1983, lo matricula en una escuela pública donde los niños de integración tienen apoyo extra. Hay que decir que en esa época las escuelas de Palma que admitían niños con retrasos en el desarrollo estaban todavía en fase experimental; eran los primeros intentos y el resultado no era siempre el mejor.
Los esfuerzos de Isabel en busca de la calidad de vida para su hijo han tenido que salvar muchos obstáculos que no tienen que ver con las carencias de Quino sino con la estrechez de miras de algunos sectores de la sociedad. En la escuela pública es un niño “especial”, pero precisamente por eso no se le deja participar en las tareas en las que más habría podido disfrutar, como la elaboración de postres navideños o las salidas de excursión. En los primeros casos lo aislaban (¡en la clase de inglés!) y para lo segundo Isabel recibía la notificación pero con la recomendación de que el niño no fuera. A su casa iba una psicóloga que proponía juegos de estrecho contacto corporal de los que los dos disfrutaban mucho, pero la vida en el colegio estaba jalonada de sufrimientos para un niño muy necesitado de apoyo y seguridad, sin las defensas ni la capacidad de expresión normales y que a menudo era víctima de los abusos y la crueldad de sus compañeros. Isabel intentaba el diálogo con las madres de esos niños pero se topaba con el rechazo o la indiferencia. En ese colegio la Luna en Capricornio no encontraba seguridad, su diferencia era puesta en evidencia continuamente y se replegaba más sobre sí misma frenando el crecimiento; el bloqueo estaba presente también en la vida en la calle porque allí volvía a primar la ley del más fuerte y a menudo se quejaba con tristeza de no tener amigos. 
Consciente de que el trato especial que recibía en la escuela no era el que más convenía a su hijo, Isabel no dejaba de indagar en asociaciones y aceptar todas las sugerencias de apoyo profesional que podían darle fuera de allí y que sentía que podían mejorar su vida. Siguió llevándolo hasta junio del 89, pero para el siguiente curso no lo matriculó hasta que no encontró una escuela privada que satisfacía sus expectativas, en diciembre del mismo año. Desde entonces y hasta junio del 94, en que desaparece el aula de integración porque no era rentable (¡!), Quino inicia un nuevo proceso; aquí estudia con sus compañeros de dificultades en una clase aparte, pero el resto del tiempo puede decidir hasta dónde participa...menos en los entrenamientos de baloncesto que es lo único que le atrae. Otra vez su madre buscando más espacio: lo plantea a los profesores y le dicen que no, a lo que ella argumenta que lo están limitando. La cruda respuesta es que el niño tiene limitaciones, pero no cede ni un milímetro y Quino acaba formando parte del equipo del colegio y participa en los torneos saliendo a jugar durante algunos minutos. Es cierto que su habilidad no alcanzaba para llevar el ritmo del juego al mismo nivel que los demás, pero durante los dos cursos en que se entrenó disfrutó mucho al hacerlo. A nivel de estudios, en este colegio se le exigía más disciplina, pero él la aceptó bien, tomando mucha responsabilidad en acabar las tareas que le mandaban.
El curso del 94 lo empezó en una escuela-taller donde tuvo la oportunidad de acceder a diversas tareas, probando cual se adecuaba más a sus características personales. A la que mejor se adaptó fue a la de encuadernación, y en ello siguió, pero en un contexto de formación y apoyo integrales, contando con monitores que iban a buscarlo a su casa en el tiempo libre para enseñarle a desenvolverse con el transporte público, el dinero y todo lo que le pudiera ayudar a aumentar su autonomía. Desde la escuela se organizaban frecuentes salidas en grupo para conocer diversos entornos y ahí, por primera vez en su vida, Quino se abre a la experiencia de la amistad, formando un grupo con el que se puede relacionar los fines de semana. Además, su madre ha encontrado un centro de recreo para chicos de sus mismas características y se apunta al equipo de fútbol; con este grupo se va también de campamentos.
A finales de 1997, ante su demanda de querer trabajar, la escuela se encarga de buscarle la oportunidad en una imprenta . Su hermano Julián ha dejado los estudios y está trabajando en el taller familiar y posiblemente eso haya despertado un deseo de superación para ponerse a su altura en la valoración por parte del padre. Pero ese intento y varios más, no llegan a dar los frutos esperados; las empresas querían contratar discapacitados, pero que rindieran como los otros trabajadores. En febrero del 99 la misma escuela-taller propone contratarlo para tareas de limpieza además de la encuadernación. Y ahí sigue hasta este momento.
De pequeño, en el ámbito familiar su Luna no se replegaba de la misma manera. Era muy activo y se ponía en situaciones de riesgo constantemente, llevando a la familia de sobresalto en sobresalto aunque, afortunadamente, no tenía tendencia a los accidentes. La Luna, al quedar libre del duro bloqueo que la oposición le planteaba en los contactos con desconocidos, delegaba los cuidados en el Saturno de la madre. En las salidas al campo y a la playa se perdía en cuanto se despistaban un momento, pero luego reaparecía tan tranquilo. Por las noches se levantaba sonámbulo y tenían que tener un riguroso control de puertas y ventanas porque las abría, incluso dormido.
Para que tuviera ocasión de nuevos contactos y de entablar amistades, Isabel lo llevó a distintos centros de recreo. Al preguntarle cómo reaccionaba el niño ante situaciones nuevas de este tipo me contestó que normalmente con inseguridad y preocupación, pero que muchas veces era él mismo el que lo solicitaba y que le gustaba, y le gusta, intentar experiencias nuevas. Pero no sólo él tenía que evolucionar, también el entorno, la sociedad tenía que aprender a abrirse y dar cabida a los que caminan más despacio. Mientras tanto se sucedían los episodios de rechazo por su inadaptación.
La infancia de Quino ha sido un largo y duro camino de aprendizaje y de búsqueda de espacios donde esa tarea constante se pudiera ver aliviada, donde pudiera vivirse como niño con otros niños. A los ocho años encontró un lugar donde se le permitía esa libertad. Empezó a pasar las vacaciones de verano en Córdoba, con los abuelos maternos. Al abuelo le gustaban mucho los niños y él era su nieto mayor. Nunca mencionó nada respecto a sus características especiales, simplemente lo quería mucho; se lo llevaba con él a hacer los trabajos del campo, limpiaban juntos las jaulas de los animales y les ponían de comer y, si encontraba algún pájaro caído de un nido, el abuelo se lo daba para que lo cuidara porque disfrutaba mucho del contacto con los animales. Podía pasar la noche fuera cuando segaban, revolcarse en la paja, saltar sobre la barriga del hombre para despertarlo de su siesta y éste se reía y lo abrazaba. En la casa solía haber muchos niños, sus primos, con los que compartía el cariño y los cuidados sin que se estableciera ninguna diferencia. A partir de las primeras vacaciones empieza a calmarse la hiperactividad y controla por fin sus esfínteres, salvo la enuresis nocturna, que se prolongaría hasta los dieciséis o diecisiete años.
En febrero del 94 el abuelo murió. Isabel cuenta que, al comunicárselo, no expresó ningún sentimiento pero, semanas después, inesperadamente se puso a llorar por su muerte. Unos meses antes había muerto también una tía abuela que vivía cerca de su casa, en Palma, con la que tenía un vínculo afectivo muy bueno y se mostró muy afectado por la pérdida. Es difícil saber de qué manera Quino ha interiorizado esos sucesos; su madre dice que al hablarle del abuelo o de la tía los recuerda, pero no expresa ningún tipo de sentimiento. Tal vez su memoria emocional ha desarrollado un mecanismo selectivo de defensa.
Con su hermano, a pesar de los celos que a veces despertaba en él, tenía una buena relación. En los primeros años el ritmo de crecimiento de Quino los equiparaba en grado de desarrollo en muchos aspectos; en otros, expresaba las características responsables y protectoras hacia los más pequeños de una Luna en Capricornio y llevaba a su hermanito siempre cogido de la mano, de un lado para otro. Desde la primera conexión, los avances de Julián lo motivaban a avanzar a él también, pero el tiempo fue abriendo un abismo de diferencias. Pasó de la escuela pública, donde fueron varios años juntos, al colegio privado y después a la escuela-taller, mientras Julián se desarrollaba como un adolescente normal, con vida propia al margen de la suya. En la actualidad tiene casi veinte años, comparten habitación y Quino lo admira mucho. A veces se ofrece para llevarlo o traerlo en lugar de su madre cuando Quino sale con sus amigos, pero no comparte nada más con él; en alguna ocasión se ha planteado proponer cosas que pudieran hacer juntos, pero tiene poca paciencia con las limitaciones de su hermano y al final no lo hace. El mayor se da cuenta de que en realidad es el más pequeño y aunque no lo exprese literalmente, constantemente establece comparaciones entre las capacidades y logros de ambos. En otras ocasiones no dice nada y actúa: cuando Julián entabló la relación con su novia actual, Quino se buscó una novia en el centro en el que trabaja. Esta relación ambivalente se expresa gráficamente en la figura triangular en que está incluida su Luna y en cómo el aspecto verde del quincuncio busca sus propias salidas; creo que entre la frustración y la imitación que la presencia del hermano provocan, se da también un proceso de aprendizaje real, a la medida de sus necesidades de crecimiento.
Dos semanas después de la muerte del abuelo aparece un nuevo miembro en su familia: Isa, la hermana. En esta ocasión el más afectado por la competencia fue Julián; Quino miraba a la pequeña con fascinación, acariciándola con cuidado y contento de volver a ser el hermano mayor de alguien. Desde hace unos años se quedaba a su cargo si los padre tenían que salir pero, al crecer, Isa empezó a reaccionar con rechazo a sus constantes muestras de afecto, a los besos y apretones que le da y a los intentos de sobreprotección. Quino se enfada cuando la niña se rebela y no hace caso de sus amonestaciones cuestionando su autoridad. Hace poco que Isabel ha hablado abiertamente a su hija de las características especiales del hermano mayor y, a partir de ahí, su actitud ha hecho un giro instantáneo hacia la tolerancia.
La razón de que haya incluido toda su vida en la observación del mundo lunar es porque en Quino esa función es fundamental; en alguna forma siempre será como un niño, con las mismas necesidades de contacto y seguridad, aunque sus ámbitos de autonomía y movilidad en el mundo se amplíen y sus dependencias se reduzcan. Cuando Isabel se marcha de viaje durante unos días, Quino se pone muy nervioso y tiende a desorientarse. Ella procura darle gradualmente el espacio necesario, aunque hasta ahora sigue siendo su referencia fundamental. Pero dado el alcance de los logros en su crecimiento y con la garantía de lo mejor de la ambición y tenacidad capricornianas, en una sociedad que, después de un lento despertar, ha emprendido un rápido camino de evolución, creo que cabe esperar que Quino encuentre otras referencias de seguridad estables, no sólo a través de instituciones y profesionales, sino en los contactos más personales y próximos, abiertos a proporcionarle el afecto y la valoración que necesita y a recibir la inocencia intacta que emerge en su sonrisa.
· · · EL SOL · · · · · · · ·
La conjunción con Venus es el símbolo del amor que Quino profesa a su padre y la necesidad de valoración que tiene de él. Aunque no fue un embarazo buscado porque la economía estaba difícil, Juan se alegró de la llegada de su primer hijo. Cuando Isabel se puso a trabajar pasaba mucho tiempo con el niño porque ella estaba fuera los fines de semana. Tenían muy buena relación, pero cuando empezaron a sospechar que habían problemas en el desarrollo y a llevarlo a especialistas para averiguar de qué se trataba, Juan comenzó a alejarse de él. Coincidía con el segundo embarazo de su mujer y con su decisión de trabajar más horas para salir adelante; no sé si una cosa llevó a la otra o todo confluyó al mismo tiempo, pero lo cierto es que la confirmación del retraso de su hijo le supuso una profunda decepción.
Juan se crió muy mimado y sobreprotegido por su madre y ha buscado en Isabel, en muchos aspectos, una sustituta para mantener ese trato. La responsabilidad sobre la realidad de su hijo parece un paso de madurez que le cuesta dar. En cierta forma lo cambió mucho, porque la evidente vulnerabilidad del niño resquebrajó su máscara de dureza y autosuficiencia pero, aunque se ha avenido a todas las decisiones que su mujer ha tomado en busca del bienestar de Quino, a eludido todo esfuerzo para participar él mismo en esa búsqueda. Al segundo hijo no le prestó mucha atención en los primeros años, pero al crecer compartía con él la afición al fútbol, acompañándolo siempre a los entrenamientos y partidos.
Lo que Quino muestra en persona de cómo ve a su padre es, en principio, amor y admiración. En la manera en que se valora a sí mismo en función de desempeñar un trabajo por el que gana dinero que le permite acceder a adquirir las cosas que le gustan, sigue el rastro de su padre. Desde las dificultades de los primeros años la familia ha ido logrando mayor bienestar y estatus económico. Juan tiene su propio negocio y ahora viven en una bonita casa de un barrio residencial. Isabel trabaja en casa y gana su propio dinero, además de encargarse de las tareas domésticas y del cuidado de toda la familia, pero como trabajadora no es tenida en cuenta. Quino se vuelve hacia su padre buscando la identidad y se esfuerza por estar a la altura de lo que le parece que el padre valora, pero entre el Sol y la Luna no hay contacto. Así, cuando se apuntó a un equipo de fútbol con la esperanza de obtener de su padre lo mismo que había tenido su hermano, se encontró con que para él no era el mismo compañero de aficiones. Sólo ocasionalmente lo acompaña a algún partido y entonces Quino no está pendiente del juego sino de Juan. No ceja en su empeño y, para crear acercamiento, ve con él todos los partidos de la televisión y ha adoptado la misma fanática afición por el equipo de su padre.
Juan no tiene paciencia con la lentitud y las limitaciones de aprendizaje de su hijo y ni siquiera se ha planteado la posibilidad de enseñarle su oficio hasta donde él lo pudiera desempeñar. Cuando Julián empezó en el taller, Quino trató de saltar la nueva barrera que lo separaba de su padre pidiendo que le buscaran un trabajo fuera de la escuela; al final ha encontrado una salida: en la misma escuela, pero cobrando.
Hace poco fui testigo de una conversación entre padre e hijo en la que Quino se quejaba del poco dinero que ganaba en comparación a su hermano; Juan trataba de darle una explicación que no fuera hiriente de porqué las cosas son así pero, a pesar del intento, la inferioridad del hijo mayor quedó flotando en un incómodo silencio. Unos días después el chico le planteaba a su madre la posibilidad de prepararse para el graduado escolar y así poder acceder a trabajos mejor pagados.
Por los contactos que tiene con las fuerzas arquetípicas y por la misma necesidad de reconocimiento y afecto genuino nunca satisfecho, creo que ve al padre de una forma altamente idealizada y que, aunque le decepcione una y otra vez, vuelve a reconstruir la misma imagen. Me parece que sería de buena ayuda un acercamiento real por parte de Juan, para darle la ocasión de verlo como padre humano. Como figura de autoridad parece interiorizarlo en posición más elevada que a su madre (en la carta nodal aparece así), pero también lo necesita a nivel de imagen de la identidad masculina, para tratar de desarrollar a Marte más allá de la frágil e infantil relación con la Luna. Trata de imitar a Julián en esas cuestiones porque es la única referencia a la que tiene acceso; el Sol y Saturno no tienen relación entre sí en el Modelo Familiar y Marte sólo con la Luna. Quino busca sacar esa imagen de sí como hombre, de alguna manera vuelve a tratar de derribar otro fragmento de limitación: él mismo me contó que había salido con un par de chicas del centro de trabajo pero que, como no le había ido bien, le gustaría encontrar una relación fuera de allí.
· · · SATURNO · · · · · · · ·
Lo primero que se me ocurre al ver su posición en la casa nueve es salvadora, la figura que constantemente intercede entre el niño perdido y un mundo inmenso y amenazante.
Quino ha crecido en muchos aspectos, pero a cada paso nuevo que da, busca primero el apoyo de su madre, que no la aprobación, porque con ella tiene un vínculo de necesidad primaria pero no de autoridad. Cuando él plantea algo es difícil que Isabel consiga convencerlo en caso de que no le parezca viable.
En sus primeros años era el puente entre la desconexión de sus funciones inteligentes y su seguridad física, después el puente entre lo que el mundo ofrecía y lo que Quino necesitaba; ahora es el puente entre la inseguridad y las aspiraciones, el respaldo para que cada vez haya más logro y menos inseguridad.
Estando unido a la Luna por un aspecto sólo azul, la dependencia del niño hacia la madre se da con mucha facilidad. En su desarrollo actual, esa dependencia se expresa a veces como exigencia, con una demanda unilateral y por otra parte con frustración y resentimiento por esa misma necesidad. La conciencia de Quino también ha crecido y con ella la noción de lo que su madre significa para él; a veces, después de preguntarle repetidas veces si lo va a acompañar a gestionar alguna cosa, de exigirle sin consideración el plazo que él quiere, después de hacerle confirmar una y otra vez que puede contar con ella, su conciencia lunar aparece de repente y dice: “No te enfades, mamá. Te quiero mucho”, mientras la abraza y la besuquea. El rodeo azul que los aspectos de Saturno han dado para hacerle asequible a la Luna el mundo al otro lado de la oposición, le han permitido a Quino expandirse...y Quino lo sabe.
LA PERSONALIDAD
Cuando le conocí sólo sabía que era el hijo mayor de Isabel y no noté nada particular en su aspecto. Vi un joven bien parecido, aunque callado y serio (seguramente por la timidez, pensé).
Es moreno y de facciones atractivas, a las que contribuyó una operación de vegetaciones que le hicieron de pequeño; uno de los psicólogos que lo trataban recomendó que se la hicieran porque, al no respirar bien, mantenía la boca siempre abierta y le daba un aspecto más desorientado. Le gusta vestir a la moda, con ropa de “marca” y es ordenado y pulcro, más que su hermano. Su presencia física expresa gran parte del enorme trabajo que ha hecho ese Saturno en Leo, que parecía partir de casi nada, y en qué medida se lo ha hecho suyo.
Con la Luna en Capricornio, y más con una como la suya, tan especializada en rastrear el mundo y la gente que en él habita, es muy esquivo y desconfiado en los primeros contactos, hasta que se siente seguro. Entonces le gusta establecer comunicación incluso por el tacto, siempre que lo dejen. En las primeras fases la conversación con él es a base de respuestas con monosílabos, pero en realidad le encanta hablar y se pasa horas con el móvil llamando a los amigos (conjunción Luna-Mercurio).
Aunque intentó las primeras relaciones con chicas después de ver que su hermano lo hacía, tiene sus propios criterios al respecto y ha resultado ser muy exigente en la elección de una compañera; además, en las ocasiones en que la ha tenido, le suponía dejar de verse con sus amigos y eso es algo a lo que, de momento, no está dispuesto a renunciar. Con ellos es muy responsable de sus compromisos, acudiendo siempre puntual a las citas y molestándose cuando no le corresponden con la misma puntualidad.
Creo que a veces es difícil determinar cuándo expresa la Luna y cuándo el Sol. Por los condicionamientos de aprendizaje, en muchas ocasiones se comporta “como sí”, actuando superficialmente cosas que no están realmente integradas pero que intuye que le proveen valoración; en esos casos diría que es la Luna que juega a ser un Sol como él cree que el entorno aplaudiría. Los dos planetas están en el mismo signo, ambos con aspectos tricolores y el Sol conjunto a Venus, una energía orientada al contacto y la seguridad, como la Luna; en la posición por zonas de la casa, los dos en la 2ª, la Luna está condicionada a trabajar y el Sol a consolidar, ambos con la seguridad como motivación, pero el aspecto rojo de la Luna es de bloqueo y el del Sol es energía marciana.
El tema de los amigos creo que corresponde al Sol, que elige conscientemente y amplía la referencia única de su hermano a ámbitos en los que se puede desenvolver con menos desventaja; cuando se plantea un logro que algún compañero ha alcanzado ya, la posibilidad de conseguirlo no parece tan inalcanzable.
Hay un episodio de su vida que me impresionó más que ningún otro. En el verano del 2000 los monitores del centro especial en el que juega a fútbol le pidieron que fuera con ellos al campamento como monitor, para ayudar a los que tienen más dificultades físicas y psíquicas que él. Cuando sus padres fueron a buscarle al acabar el campamento, se puso a llorar; pensaron que le habría pasado algo desagradable, pero Quino les dijo que no se quería ir, que había estado muy bien. Fue un reto para su Sol, la oportunidad de despertar conscientemente a la capacidad de cuidar de otros más desvalidos, de sentirse útil y con un lugar en la sociedad ganado por la fuerza de su dignidad y compasión y no por la fuerza de su necesidad. ¿Quién sabe qué más podría salir de ese pequeño triángulo de aprendizaje?
En la actualidad trabaja, se entrena y juega a fútbol y sale con sus amigos. En el centro tiene repaso semanal de escritura y cálculo; de cara al cambio de moneda, ha hecho una preparación con sus compañeros, practicando el comprar y vender con euros. El apoyo a la integración es continuo y su propia motivación de crecimiento lo impulsa a nuevos retos.
Observando su vida, las dificultades y los avances, la problemática vital de Quino es aplicable, en otro grado, a cualquier persona. Cuando trabajo con mis propios conflictos tiendo a veces a autocompadecerme o culpar a los condicionantes de mi infancia; en su carta y su vida he visto con nitidez que las dificultades son el principal motor de desarrollo a todos los niveles. La mayor diferencia entre Quino y yo es que él, partiendo de tan poco, haya logrado tanto. Yo, con tanta riqueza, me he empeñado durante mucho tiempo en vivir como si fuera pobre. Esta trabajo ha sido mucho más que una lección sobre planetas.