Escuela Huber de Astrología - Formación a distancia

El objetivo de esta publicación es dar a conocer las bases del enfoque Huber entre los astrólogos, psicólogos, asesores y otras profesiones relacionadas con el crecimiento personal del Ser Humano.

BOLETÍN TRIMESTRAL núm. 60 - Abril-Junio 2008 - 6,00€
Sumario ->
 
 

- Editorial, Rosa Solé
- El 40 aniversario del Astrologish-Psychologishes Institut, Louise Huber
- Celebración en el A.P.I. internacional, Joan Solé
- Los 25 años de API-UK y los 4 años de API-Scandinavia, Richard Llewellyn, Joyce Hopewell y Linda Leibing
Los 18 años de la escuela española Huber
:
- Un poco de historia, Angela Wilfart, R. Llewellyn, Lola Ferrer y Albert Macià

- En el aquí y ahora, selección colaboraciones diplomados

-
Mirando hacia el futuro, selección colaboraciones alumnos
- Humor, Jordi Calvet
Otras colaboraciones:
- Os aspectos de Ptolomeu e o Taoismo, Regina Martins
- Enfrentarme a la autoexigencia excesiva, Albert Macià
- Zonas montaña, S. Sánchez, Volviendo a mi inconsciente, C. Mirones.
- Campus Virtual - AGENDA

   
Albert Macià ->
---> Enfrentarme a la autoexigencia excesiva


Albert Macià es uno de los primeros colaboradores de la escuela, referente al tema de la mqueta del boletín, cuando se editaba en papel, así como de la primera web de la escuela. Sin su colaboración no hubiera sido posible llegar a este boletín nº 60. ¡Gracias Albert!.

Acepto gustoso la invitación de explicar mis vivencias recientes y su reflejo en las Cartas natales y de casas. Me llamo Albert y mi signo es Aries con ascendente en Piscis (Manresa, 6-4-1956, 05:30 h. am., aproximadamente).

De alguna manera, "conmemoraré" este año el quinto aniversario de las amputaciones, en un intervalo de seis meses, de mis piernas... suceso inevitable en el currículum de mis cuarenta años de diabético, de unos cuantos de tabaquismo, de otros muchos más de trabajo estresante, de casi todos ellos de querer llevar una vida lo más normal posible como cualquier hijo de vecino... Y no es que yo y mis médicos no formáramos un buen equipo; simplemente, cada diabetes (porque me atreveria a decir que hay tantas como pacientes) se ceba, cuando va a malas, en una parte u otra del cuerpo y a mi, de momento, me ha respetado otros órganos vitales que espero acaben de envejecer a un ritmo cuidado pero normal. Estoy enormemente agradecido por ello.

No escribí con segunda intención lo de que conmemoraría el mencionado aniversario, ni siquiera lo entrecomillé con ironia mal contenida, ya que creo que podemos conmemorar aquello que nos cambia la vida y no tengo ninguna duda que mi vida dió un giro radical a partir de la doble amputación, de hecho como la de cualquier persona que deba supeditarse repentinamente a la silla de ruedas, enfrontarse a las barreras arquitectónicas, sentirse en la categoría de minusválido, etc.

Mi cambio se produjo en dos niveles: el estructural y funcional de la vida diaria, y el espiritual o simplemente mental, en el cual inevitablemente me planteé el sentido del dolor (tan intenso el que produce la gangrena que casi acabas deseando que te corten la extremidad, ya que no hay alternativa posible) y el sentido de mi vida.

En realidad, la lucha, la resistencia, no cesan... Ya después de cada amputación, mientras emprendia la correspondiente recuperación, parecía que mi vida se redujese a un conjunto de escenas destinadas a ser vistas a través de las ventanas (habitación, piso, hospital, ambulancia, coche, etc) ... como imagino que debe ocurrirle a cualquier paciente en situación similar. Creo recordar que contabilicé unas 27... y a cada una le otorgaba inconscientemente una importancia particular pero igualmente vital en todos los casos. A través de éllas, empezaba a plantar cara al futuro... y, despues de la primera operación, a luchar lo que podía para reforzar y salvar la otra pierna, esfuerzo que acabó siendo inútil.

Sin embargo, a pesar de percibir el mundo a través de ventanas, con tanto ir y venir y sobretodo a raíz de mi estancia en el Instituto Guttman me percaté claramente de que hay casos mucho peores que el mío.

Una vez superé el estrés de las intervenciones, una serie de hechos o casualidades parecían confabularse para "hablarme" y decirme que detrás del desastre había algo que debía aprender, que el dolor y el esfuerzo no habían sido inútiles.

En situaciones como ésa, de forma inmediata uno se hace la única pregunta posible: "¿Y ahora què?". Y entre dicha pregunta y tomar conciencia que también podía intentar ser feliz sin piernas dista un trecho que, aparte de lo físico, intenté (e intento todavía) rellenar con contenidos espirituales (que no religiosos) o simplemente con aquello que nos trasciende, lo inmaterial, lo que queda más allá de la experiencia vivida, del estilo de vida que había llevado hasta entonces... en definitiva, un aprendizaje de otra forma del Vivir, una toma de conciencia de otras responsabilidades, superiores de algún modo, que para nada eran las que, por ejemplo, había ejercido laboralmente ya que estas nuevas son interiores y para con uno mismo. Este proceso se producía de forma natural en respuesta a una necesidad interior que identificaba con la que había sentido muchos años atrás.

Personalmente, entonces me dí cuenta más clara de algo que ya había oído y leído: que las enfermedades y sus síntomas nos avisan con antelación de que algún cambio importante tenemos que hacer con nuestras vidas porque no las cuidamos suficientemente bien. Ahora no pienso siquiera que sea ya tarde para seguir aprendiendo en este sentido, aunque he superado ya los cincuenta años. O sea que en éllo estoy: practicando yoga, aproximándome al zen, intentando lecturas budistas, abordando principios de la psicologia positiva... Como se refleja en la carta astral, intento una composición propia, beneficiándome de parte de cada una de éstas y otras disciplinas y filosofías.

La interpretación astrológica me ha dado un "mapa" muy coherente, creo, de cuál es mi situación actual, ayudándome incluso a clarificarla.

Según una interpretación profesional que espero transcribir correctamente, en la Carta Natal la figura dominante es el triángulo: Corresponde a un entender la vida como un fluir. Es motivación, mutabilidad, aprendizaje, tendencia humanista y de contacto con los demás... Hay también dos líneas, verde y roja, que no cierran ninguna figura y vienen a indicar la flexibilidad y la adaptabilidad para hacer un camino propio,incluso adaptándose al entorno si es necesario.

Acerca de los colores, azul corresponde a talento, recursos, sentido práctico y sentido común para hacer las cosas; en cierta medida, tendencia a dejar las cosas com estan si ya funcionan bien. En cambio, el rojo es motivación o inquietud y capacidad de cambio. La combinación de triángulos azules y rojos nos marca un estado de tranquilidad y descanso en el que por una parte se disfruta del trabajo ya realizado y al mismo tiempo genera una recarga energética.

Las líneas verdes, una como sentido de búsqueda y la otra, que cierra un triángulo de tres colores, conciencia de conquistar un espacio propio, la propia creación y alcanzar las conclusiones personales acerca de la vida.

Soslayo decir que estoy todavía en el proceso de adaptación al nuevo rumbo de mi vida, o así es como me siento, sin haberlo dado por concluido ni mucho menos y que, por tanto, me identifico plenamente con la explicación que se refleja en la carta natal. Es como una reafirmación de la experiencia vital.

En la carta del Horóscopo de Casas, la figura cuadrangular es la madre Tierra, o sea estructuración, organización, control, conservación, motivación equilibrada... Hay ahí una persona mucho más flexible y con un punto de reto, capacidad de iniciar cosas aúnque, como buen Aries, no se terminen porque no ha previsto los obstáculos...

Si dividimos esta figura cuadrangular por la mitad obtenemos los dos triángulos llamados de eficiencia y rendimiento, que personalmente relaciono con la autoexigencia con la que he tenido que hacer, y hago todavía, un trabajo interior muy importante ya que de élla podrían derivarse con facilidad problemas muy importantes en mi vida actual. No deja de ser paradójico que habiendo sido siempre un perfeccionista y con un nivel excesivo de autoexigencia, tenga que acarrear ahora con una situación que muchas veces me pone contra las cuerdas. Lo mismo me ocurre con la dependencia de la ayuda de otras personas, ya que siempre me he sentido independiente hasta la médula; no obstante, en este sentido debo decir que me valgo bastante por mi mismo en la mayoria de las situaciones, ya vaya con silla de ruedas o con prótesis y muletas, y he aprendido a pedir ayuda en caso necesario. Por lo tanto, algo más he ganado en todo este aprendizaje: flexibilidad, como también se refleja en la carta de las casas.

Trabajando contra la autoexigencia excesiva (meditación, reflexión, etc.) me di cuenta que en nombre de élla me planteaba objetivos demasiado ambiciosos que, al no conseguirlos, me llevaban a una cierta frustración... igualmente, aprecié que posiblemente e inconscientemente proyectaba también sobre los demás parte de dicha autoexigencia. Llegué a la conclusión de que esta autoexigencia, a lo largo de toda mi vida pasada y en especial, seguramente, en mi época de juventud, buscaba compensar un sentimiento de inferioridad inconsciente derivado del factor rechazo a la enfermedad, la diabetes...

Ante todo ello opongo el convencimiento de que no seré nunca perfecto por muy autoexigente que sea, y que en la aplicación de esta autoexigencia puedo hacer daño a otros, sin querer, pero incluso a gente que aprecio muchísimo, y entonces... ¿de qué sirve tanta autoexigencia? El deseo de perfección se convierte en Imperfección Absoluta, con mayúsculas...Opongo también indulgencia y comprensión... tanto conmigo mismo como para los demás... es decir: indulgente no para dejar pasar sino para entender, comprender, que siempre hay circunstancias atenuantes para los errores e imperfecciones, no para redimirlos sino para corregirlos.

Decidí, a la vista de todo ello, pactar conmigo mismo dos sencillas premisas:

  • Admitir de entrada la posibilidad del fracaso y, si éste se producía, admitirlo y valorar con sentido común si valia la pena volver a intentar el objetivo.
  • Reconocer que no tenía que demostrar nada a nadie, ni siquiera a mi, ya que es bastante absurdo competir consigo mismo. Además, la conducta competitiva provoca inseguridad y pérdida de autoestima, ansiedad para alcanzar los objetivos, frustración ante lo que consideremos un fracaso y mucha presión psíquica ya que al no lograr los objetivos nos convertimos en unos críticos feroces de nuestras limitaciones.

Albert Macià, e-mail: albertusmacia@hotmail.com

   
Escuela Huber de Astrología - www.escuelahuber.org - escuelahuber@telefonica.net -
Apdo. correos 96.033 - 80808 Barcelona (Spain) - Tel. +34 93.415.25.30