Escuela Huber de Astrología - Formación a distancia

El objetivo de esta publicación es dar a conocer las bases del enfoque Huber entre los astrólogos, psicólogos, asesores y otras profesiones relacionadas con el crecimiento personal del Ser Humano.

BOLETÍN TRIMESTRAL núm. 67- Enero-Marzo 2010 - 6,00€
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- Editorial, Rosa Solé
Artículos de este número:
- Visión superior problema hombre-mujer, Roberto Assagioli
- Júpiter, Michael A. Huber
- Subpersonalidades, Rosa Solé
- Terapia floral y Psicología Astrológica, Alicia García
- Planetas espirituales, Maria Jesús Aguarón
Colaboraciones especiales:
- Una canción para el agua, Carmen de Hita
- Los calendarios mayas y el año 2012, Enrique Alvarado

Secciones fijas:
- Humor, Jordi Calvet
- Campus Virtual - AGENDA

   
Carmen de Hitaita
--->Una canción al elemento AGUA


Carmen reside en Madrid. Es Ingeniero Industrial en Electricidad por la Escuela Superior Politécnica de Madrid. Atiende en consulta astrológica desde 1992. Es profesora de Interpretación Astrológica. Imparte cursos, conferencias y seminarios. Especialista en investigación sobre simbolismo astrológico, publica artículos y relatos en revistas de Astrología de España, Italia, Francia, Argentina, Venezuela y Colombia. Ha impartido formación sobre simbolismo astrológico a terapeutas y estudiantes de Flores de Bach y Reflexología  Podal. Ha colaborado con diversos medios de telecomunicación y de investigación teatral. Desde 1997 participa en los Congresos Ibéricos de Astrología, Jornadas Astrológicas y otros congresos astrológicos internacionales. Su objetivo es trasladar los conceptos de la Tradición Astrológica Mediterránea a la sociedad moderna y a la comunidad científica/humanista de nuestro tiempo.

Desde aquí le agradecemos su permiso para publicar este texto. Gracias Carmen.

El símbolo tiene vida propia, respira y se mueve de forma autónoma.
Cuando decidí escribir este artículo, ¡hace ya tantos años!, no era consciente de la vigencia que podía llegar a tener esta afirmación.
Recuerdo que mientras repasaba el texto, en las noticias de las nueve la voz del periodista me dejaba la sangre helada: a consecuencia de las fuertes lluvias del otoño, una avalancha de agua, un torrente descontrolado y furioso, acababa de arrasar un valle en las lejanas montañas de Los Pirineos, llevando tras de sí vegetación, animales y hombres.
Reposé la mano sobre el papel y una lágrima difuminó la última frase que había escrito: Agua sagrada, agua de vida y muerte.

INTRODUCCION
Hablar del Elemento Agua es hablar de nosotros mismos en primera persona, es dirigirse en susurros a cada espectador como si no hubiera en la sala nadie más que él y, al mismo tiempo, se encontrara rodeado de una inmensa multitud de seres del pasado, del presente y del futuro.

Preparando estas notas, día a día, la sensación envolvente del agua se ha ido haciendo más y más intensa. Siento como la percepción crece y esponja mis sentidos a cada instante. El solo hecho de comentar con las personas de mi entorno la preparación de este trabajo provoca una refrescante avalancha de ideas que, con gran entusiasmo, todos aportan. Al parecer todos somos auténticos expertos en este elemento, aunque no deseemos expresarlo habitualmente.

Por desdicha, sentimos un desmesurado pudor ante nuestros propios sentimientos y los ocultamos con extraordinario celo. Quizás el motivo sea que se trata de la parte más íntima y vulnerable de nuestro ser. Sin embargo la presencia en nuestros paisajes del agua clara y cristalina, es decir la presencia de los sentimientos en nuestro carácter, es un símbolo natural de salud y de vida.

Así que, aprovecho la oportunidad para invitar al lector a zambullirse conmigo en el simbolismo del Elemento Agua y buscar en él sus propias respuestas. Ya que mi intención en este trabajo no es escribir con todo rigor y precisión sobre los signos astrológicos regidos por las cualidades del agua. No. Entre una multitud de razones que me justifican para desistir en ese intento, quizás la única que quisiera mencionar es que la esencia del propio Elemento no permite su disección, clasificación, ni definición taxativa.

Así como el agua adopta la forma del recipiente que la contiene, este trabajo pretende adaptarse a la percepción de quien lo reciba. He insisto, hablar con precisión del agua sería similar a intentar ponerla en una cesta de mimbre o, como he observado muchas veces  hacer a los niños más pequeños, a puñados, a manitas llenas, jugar con el agua.

Llega a mi memoria el relato de Saulo, también nombrado San Pablo, que un día mientras paseaba por una playa meditando sobre la naturaleza de Dios, encontró a dos niños que afanosamente traían agua del mar en sus manos hasta un agujero practicado en la arena. Saulo preguntó que estaban haciendo y ellos respondieron que estaban intentando vaciar el mar. El se rió. Los niños le miraron atentamente y le preguntaron qué estaba haciendo él. Respondió Saulo que estaba intentando comprender la esencia de la que estaba hecho Dios. Ellos rieron y nuestro hombre tuvo entonces un excelente motivo de meditación.

Así que por mi parte, me propongo describir humildemente lo que a lo largo de mi experiencia he aprendido sobre este sagrado elemento, esperando de vosotros ayuda en mi empeño para navegar por cálidas y limpias aguas todo el viaje. 

GENESIS
EN EL PRINCIPIO/  B’RESHIT


En el Principio creó Dios el Cielo y la Tierra. Pero la Tierra estaba desolada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del Abismo, y  el Espíritu de Dios flotaba sobre la superficie de las Aguas. Y dijo Dios - “Haya Luz”-, y hubo Luz. Y vio Dios que la Luz era buena e hizo separar la luz de la oscuridad.
Y llamó Dios a la luz día y a la oscuridad la llamó noche, y hubo tarde y mañana: un día.
Y dijo Dios -”Haya una expansión en medio de las Aguas que separe unas de otras”-. Y efectuó Dios la expansión, haciendo dividir las Aguas que estaban debajo de la expansión de las Aguas que estaban sobre ella. Y así fue. Y llamó Dios a la expansión Cielo. Y hubo tarde y hubo mañana: el segundo día.
Y dijo Dios -”Reúnanse las aguas que están debajo del Cielo en un lugar y aparezca lo seco. Y así fue. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la acumulación de aguas lo llamó Mares, y vio Dios que eso era bueno”.


Y si Dios vio que era bueno, el espíritu del hombre debe estar creado para comprender su propia existencia  diferenciando lo húmedo de lo seco, percibir que está formado de ambas cualidades y asumirlas.

Decía mi primer libro de Ciencias Naturales que el Agua es inodora, incolora e insípida, y a mí me gustaba mucho repetir con voz alta aquella frase, sintiendo en ella una elegancia incomprensible a mi mente infantil: una extraña preposición “e” en medio de tanto prefijo “in” marcando la paradoja. Para mi curiosidad de niña, esta frase repleta de negaciones suponía  un completo enigma, ya que mi experiencia me decía que era totalmente falsa. El agua tiene olor, color, sabor y en nuestro mundo no se encuentra en estado de pureza, a excepción de los laboratorios de química. El agua disuelve todas las sales y acepta una infinidad de elementos microscópicos en suspensión, que la colorean, le dan sabor y, por supuesto, olor.

Menos mal que mi libro de Ciencias añadía, - El agua es el líquido que más se encuentra en la Tierra. De hecho, la Tierra debería llamarse Agua. El nombre otorgado al planeta es uno más de nuestros ambiguos mensajes para crear sensación de control sobre nuestro mundo.

Pero al fin y a la postre, somos el Planeta Azul. ¿Azul? ¡Pero si el agua es incolora! Azul, porqué el agua refleja todo el entorno. La corteza del planeta Tierra es de agua y cuarzo, que es como decir de agua y cristales de mar. Nosotros mismos somos agua, carbono y algo más.
Es precisamente para ahondar en ese algo más, que quiero hablar de la física del agua, de la orografía de su viaje por los paisajes y también de su poesía.

Pediré al lector que juegue conmigo. Que me escuche sutilmente. Quiero levantar, con la imaginación, los pies del suelo, y flotar un poco en el ambiente, para apreciar mejor las cualidades del agua, y el entendimiento de sus símbolos. Jugaremos a crear imágenes en la mente. Así, por ejemplo, cuando escriba la palabra agua, escribiré sentimiento; cuando describa las aguas mansas, risueñas y cristalinas, hablaré de amor alegre, de amor feliz; cuando las aguas se enfurezcan, hablaré de amores convertidos en odios; cuando sobrevenga la catástrofe y el agua extermine todo, hablaré del desamor; y tantas sensaciones más como el lector sea capaz de imaginar. Así deseo,
                            Buen viaje a los guerreros que a su pueblo son fieles,
                            favorézcalos el Dios del Viento y proteja su bajel 
                            (Viaje a Ítaca, Konstantino Kavafis)

ANTES DEL TORRENTE ESTÁ
LA MONTAÑA

El meteorólogo anuncia precipitaciones en forma de nieve por encima de los mil metros y un batallón de esquiadores se prepara para el fin de semana.

Mientras, arriba en la montaña la nieve comienza a caer en las frías noches del invierno, a veces reposada y serena, a veces en plena ventisca con el ulular del viento sobre los árboles. El cielo envía la lluvia de estrellas minúsculas y heladas. Infinitas estrellas descendiendo desde el firmamento que se van posando sobre todo lo existente hasta cubrirlo y confundirlo todo. Cuando el viento amaina, no existe sensación más amortiguada en la Naturaleza que la del silencio en el campo nevado; su paz es una sorda expectativa de la luz del amanecer.
Dicen en Castilla: Año de nieves, año de bienes.

Al alumbrar el amanecer, en la Primavera, comienza el deshielo en las montañas y el agua empapa la tierra. Sobre el manto de musgo todo se encharca. Gota a gota, el agua se filtra entre las piedras y así comienza a correr ladera abajo, formando el arroyo.
 
EL TORRENTE
La caída desde lo alto de la montaña es vertiginosa. El arroyo va engrosando su caudal por momentos y va creando su pequeño camino hasta convertirse en torrente limpio, cristalino y ligero. Sus aguas puras contienen tan solo un frescor sin historia. Es agua recién caída del cielo.

El curso del torrente provoca pequeñas pozas y cascadas en las rocas, donde el sonido es un estrépito y el agua se bate y se oxigena en permanencia. Son estos los lugares preferidos de algunos animales extremadamente sensibles a la calidad del agua, de manera que sólo en estos pequeños ríos de montaña encontraremos nutrias, truchas o castores. Hasta aquí llegarán remontando el río los salmones para desovar, morir e iniciar de nuevo el ciclo.

Cuando las laderas de la montaña se suavizan, comienzan a verse los primeros asentamientos humanos; tímidos en un principio y dedicados a pequeñas explotaciones ganaderas dispersas por la pradera. Se trata del primer aprovechamiento humano del líquido de la vida. De aquí en adelante, las gentes desviarán y usarán, en su beneficio, el agua como fuente de su desarrollo, intentarán controlar su caída, la retardarán, soñarán con dominarla, agudizarán su ingenio y muchas veces obtendrán de ella bienes y salud.

Cercana y vital, el agua es el líquido más estudiado en la historia de la Humanidad. Conscientes de nuestra propia composición química, buscamos su conocimiento y su dominio desde el principio de los tiempos en todos los campos del saber. Por ejemplo, sus cualidades mecánicas y sus propiedades físicas han sido utilizadas para transmitir, multiplicadas por mil veces, nuestra fuerza o nuestra velocidad de desplazamiento. Hemos aprendido que el agua mueve montañas, bien socavando suave y sosegadamente por efecto de la erosión, bien desatando las furias en avalanchas imparables. Los humanos hemos observado todos estos fenómenos y hemos querido usarlos en nuestro beneficio.

EL PRIMER APROVECHAMIENTO
Las laderas de la montaña se suavizan y albergan los bosques. Allí los hombres usan el agua para transportar la madera hasta el aserradero, que también es movido por el agua. Más abajo, construyeron canales para desviar el curso del río; desde tiempos lejanos, los habitantes de las orillas levantaron molinos y, con la fuerza incesante del agua, movían la piedra de moler el cereal o la aceituna. Mover, mover. Los molinos mueven y muelen cualquier cosa, todo depende del ingenio.

Son muchos los molinos de agua que, allá por los comienzos del siglo XX, colocan un gran cartel sobre el portón, que aún dice:
                            “FABRICA DE HARINAS Y ELECTRICIDAD”
                            J. GARCÍA E HIJOS. SOCIEDAD LIMITADA
Y sus máquinas aún funcionan.

Hace tiempo tuve la ocasión de conocer a un hombre ya anciano, que venía de Colombia, ingeniero hidráulico muy experto que nos contaba como había que moler bien el agua para sacarle el espíritu y mientras hablaba apretaba lentamente el puño, como si de una naranja exprimida se tratara. Conocía todos los secretos del quejido del agua en las máquinas y sabía cómo había que devolverla al río. Porque si importante es saber usarla, más importante es aún saber devolverla a tiempo, antes de que rebase la cota máxima de la represa y, por presión, reviente el muro de contención.

¡Qué catástrofe cuando, por avaricia, no se suelta el agua a su tiempo! ¡Qué catástrofe cuando el agua socava los contrafuertes del muro, se filtra por los laterales que se reblandecen y dejan de soportarlo!

Cuando el agua ruge, ya no hay nada que hacer. Lo que fue manantial de vida, en unos segundos se transforma en muerte y desolación. Son muchas las veces que los humanos intentamos contener las aguas, sin saber que es una ilusión de la mente pensar que las dominamos. El agua tiene su curso y su destino. Nosotros tan sólo retrasamos su caída, usamos las migajas de su fuerza y luego tenemos que dejarla marchar... o irnos con ella río abajo. Por las buenas o por las malas.


LA MESETA, LA PLANICIE
El caudal se agranda y el río se ensancha y disminuye su velocidad, pero no su fortaleza. Poco a poco las aguas se van volviendo más oscuras, menos transparentes y también más ricas. Ahora se asientan a sus orillas las ciudades, y el río las abastece.

Pero, atención, aquí hay más agua de la que nos deja ver la superficie. En los llanos, la sequedad del paisaje casi nos impide imaginar la riqueza en agua escorpiana del subsuelo. Las aguas subterráneas forman una gran capa líquida que mantiene la tierra fértil. Es la capa freática, compuesta de un manto de agua pura y limpia sobre un suelo impermeable.

La capa freática alimenta los manantiales, las lagunas y los acuíferos, hogar de tantos animales. Las lagunas son en realidad oasis en medio del llano y la capa freática, nuestra Laguna Estigia.
Las aguas de la Estigia representan en la Tradición occidental la frontera entre dos partes diferenciadas de nuestro conocimiento interno, formando parte de nuestro viaje. Atravesar La Laguna Estigia es un acto escrito en nuestro destino. Pero no nos enfrentamos a Ella una sola vez, sino muchas. De esta forma, la Laguna Interna es el símbolo de la muerte, pero también el símbolo de la vida, de la regeneración y de la sexualidad.

Son muchos los relatos que a lo largo de nuestras vidas escucharemos sobre sus desconocidas aguas; pero por muchas historias que oigamos sobre la experiencia de muerte, sólo hay una forma de saber que esconde la otra orilla de la Estigia y es atravesando las aguas. Así que al acercarnos al borde, el barquero Caronte se aproxima y nos ofrece embarcar. Se trata simplemente de un acto de seducción. Caronte nos invita a viajar con él en la barca. Preparado para aceptar la invitación, el viajero llega al lugar, como es costumbre, portando debajo de la lengua una moneda de oro con la que pagar el viaje al barquero. Del oro de la pasión es la moneda.

Cuando, en mi búsqueda de datos, comentaba a los amigos que quería hablar del sexo en este trabajo, encontré una curiosa paradoja, porque la línea de separación entre la seducción y el sexo no parece estar demasiado definida. Así que yo preguntaba por sexo y ellos me ofrecían seducción. Grave confusión entre los humanos que no nos lleva a ninguna parte, y por supuesto tampoco al otro lado de la Estigia. Pero volvamos en busca del barquero:

Caronte está en su barca y se acerca al viajero. Se detiene, le observa y pregunta si quiere cruzar. El viajero duda pero finalmente su curiosidad toma la partida. Mientras Caronte nos ayuda a subir, abandonamos la estabilidad de lo seco y entramos en la barca. Aquí flotamos sobre las aguas, como el Espíritu de Dios. La travesía se realiza y al otro lado, en la otra orilla de nuestro ser, por fin descubrimos cosas de nosotros mismos que nunca habíamos imaginado.

Algunos de nosotros viviremos nuestro paraíso, otros su infierno, otros tan sólo irán para regresar sin pena ni gloria. Pero para saber nuestra más íntima verdad, cada uno de nosotros habrá de realizar el viaje.

Quien nos seduce y nos convence para embarcarnos en esta aventura, es lo de menos o lo de más, aunque su nombre no sea Caronte. De algo estaremos seguros: es y será  nuestra aventura.

Pero volvamos a la planicie. La Laguna Estigia es la fuente madre de todos los manantiales de la vida. Fuente suprema de sabiduría, recibe por filtración agua de todos los ríos subterráneos y de la lluvia.

Desde siempre, en la Meseta Castellana se perfora la tierra y se construyen las norias que extraen agua de la capa freática para los regadíos. Antes, las cantidades de agua bombeada eran pequeñas, pero en la actualidad se utiliza para el cultivo industrial del maíz, que es una planta con enormes necesidades de agua durante su crecimiento y, por esta razón, se ha cultivado tradicionalmente en climas húmedos. La Meseta no tiene clima húmedo.

Al atardecer, en pleno verano, cuando los campos se agostan bajo el sol anaranjado, es sorprendente ver los aspersores lanzando al viento su lluvia artificial sobre el verde manto del maíz. La luz se descompone en un arco iris artificial de enorme belleza plástica.

La imagen artificialmente creada es magnífica recortada contra el horizonte... pero se está secando la capa freática. Los manantiales más altos se secan, los acuíferos se secan, los pájaros se van y el maíz crece verde en una imagen seductora y publicitaria, apta para la televisión.

Están usando las aguas de nuestra Laguna Estigia para regar maíz estéticamente. Pero la Estigia no está ahí para recibir ese uso. De igual manera, los medios de comunicación de masas están mancillando conceptos sagrados sobre la sexualidad con burdas imágenes de seducción artificial.   

AL-ANDALUS
Hace ya muchos siglos, un pueblo intuitivo y sensual vino desde el desierto, navegando sobre las profundas aguas del Estrecho de Gibraltar y se instaló en los valles de la Península Ibérica. Sus gentes traían muchos sueños con ellos, traían también el sagrado símbolo del agua. En el desierto del Sahara eran sólo nómadas que deambulaban de oasis en oasis, buscando el bien supremo, el que para ellos no tenía precio, el agua.

En los oasis del desierto, aquellos puntos donde la capa freática roza la superficie del terreno, crece la vegetación exuberante y sus habitantes construyen las casas y las mezquitas fuera de la verdura. Usan cada milímetro de esa tierra para el cultivo de los frutales y de las hortalizas, repartiendo el riego escrupulosamente por igual en cada metro cuadrado del “jardín común”.

Las gentes del desierto que atravesaron las aguas para llegar hasta estas tierras, creyeron encontrar en Al-Ándalus el Paraíso soñado. Y en cierta forma así fue. Aún nos quedan de ellos algunas leyes sobre las aguas públicas, el diseño de los jardines, el gusto por la fragancia nocturna de sus plantas, la música, la filosofía, el arte... y cuantas cosas más.

Ellos inventaron los juegos de agua más hermosos en sus discretas y sonoras fuentes, en sus románticas noches. Ellos crearon la ilusión óptica de la ingravidez del agua burlando su propio peso.

EL RÍO SENSIBLE

Pero el agua sigue su curso, siempre descendente. El río se ensancha, arrastra con él ricos sedimentos que fertilizan las llanuras bajas, se retuerce y culebrea una y otra vez bajando hacia el mar: hemos llegado a los meandros.

Las llanuras se vuelven ricas, propicias para todo tipo de cultivo. La profundidad de las aguas llega a permitir la navegación y barcos de todas las culturas penetran aguas arriba mezclando las lenguas y las costumbres. El río flexible es portador de riqueza.

En algunos países centroeuropeos no se entendió así y se procedió a realizar canales que acortaban los meandros y robaban más hectáreas de cultivo al río. Cercaron con muros sus orillas al paso por las ciudades a fin de ganar espacio para construir.

Finalmente, en el año 1995, cuando los ríos necesitaron de sus orillas amplias y sus meandros, para desaguar las grandes lluvias y los deshielos, no tuvieron espacio y se desbordaron, llevándose tras de sí casas, campos, puertos, hombres...

Los habitantes de Holanda conocen bien cuál es el riesgo; sus Tierras Bajas se inundaron y el Gran Dique que separa el Mar Interior de mar abierta estuvo a punto de abrirse. Afortunadamente, en esta ocasión, el Dique resistió y el Mar del Norte no irrumpió en la llanura, anegando el país.
Los holandeses disponen de una curiosa ley: en el caso de llegar la inundación, cada familia de tierra seca acogerá a otra familia de tierra baja, hasta que el peligro cese.

Y por fin EL MAR

Ya el río ve el delta, o el estuario, y se confunden sus aguas con las aguas marinas. Es su destino. Allí la inmensidad alberga los más grandes animales del planeta. Allí todos los caminos son posibles, los límites se alejan y el espíritu se ensancha.
Pero no todos los ríos desembocan en idénticas aguas, no todos los mares y océanos son iguales. A cada uno de nosotros le es destinado navegar por un mar distinto. Algunos placenteramente, otros en aguas encrespadas y furiosas. La mezcla de las aguas es desigual. A veces en armonía, a veces en combate contra los elementos, cada océano guarda sus secretos y sus crueles verdades.

En el Océano nos confundimos con el agua común procedente de todos los ríos del mundo y en él somos, por fin, uno con el Planeta Azul. Allí permanecemos hasta que, por azar o por destino, el calor nos empuje a la superficie de las aguas y convertidos en vapor, molécula a molécula, se nos devuelva a la atmósfera. Quizás sólo en ese instante volvemos a ser uno en nosotros mismos y todo terminará o todo comenzará de nuevo.

Y ahora convertida en molécula de agua ascendiendo a lo más alto de las nubes, observo con complicidad los manantiales de la tierra y aguardo ansiosa el momento de mi regreso.


Carmen de Hita
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