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La Tierra siempre está en continuo movimiento, tres movimientos principales: el de rotación que nos conecta con el día y la noche; el de traslación que nos pone en relación con las estaciones y finalmente el de precesión equinoccial que da lugar a un ciclo llamado año platónico. Y lo mismo con el resto de los cuerpos celestes en nuestro sistema solar, de aquí que la Astrología sea la ciencia de los ciclos y el ser humano es puro ritmo, dentro de los diversos ciclos, desde que empieza a respirar por primera vez.
Ya hemos llegado al Solsticio de Verano en el Hemisferio norte y los rituales de apertura de puertas cada vez son más numerosos. Apertura de puertas simbólicas en el sentido de celebrar el momento de la máxima luz y mínima oscuridad planetaria, que desde los albores de la humanidad se ha traducido como el poder acceder o adquirir más “iluminación”. Todas las religiones, por ejemplo, la judía y la cristiana, durante el período del Equinoccio de primavera y el Solsticio de verano se celebran fiestas como la Pascua (Pèsaj) y el Pentescostés (lenguas de fuego sobre los apóstoles), de origen muy antiguo, probablemente de los misterios eleusinos, con el fin de celebrar la Luz. La tradición esotérica del Festival de Wesak, luna llena de Tauro donde el Buda se relaciona con el principio Crístico planetario tiene detrás el mismo significado de ciclos planetarios.
Los movimientos de la Tierra, los ciclos que los seres humanos vivimos, a nivel geocéntrico, están grabados profundamente en nuestro inconsciente como el camino de la búsqueda de uno mismo, el Grial del rey Arturo. Y la Astrología, utilizada sabiamente como la psicología más antigua del mundo, es el mapa. Conocer los ciclos y su aplicación simbólica como aperturas a nuevas puertas de luz (nada que ver con la astromancia determinista) significa desarrollar las capacidades de autoliderazgo y autoresponsabilidad para vivir con plenitud el día a día y, al mismo tiempo, ser útiles a nivel planetario en el lugar escogido. De aquí que la Piscología Astrológica se tendría que enseñar en las escuelas como cualquier otra disciplina, uno de los caminos para irradiar lo que ya somos, Almas encarnadas.
Esperemos que el contenido de este boletín de Solsticio de verano sea útil para abrir puertas internas y externas a todos los lectores, dado que éste es el objetivo del mismo. Que lo disfrutéis de todo corazón y alegría, danzando alrededor de las hogueras de San Juan o subiendo a montañas mágicas en grupo para celebrar nuevamente el ritual de la Luz.
Rosa Solé-Gubianes - escuelahuber@telefonica.net |